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La tabernera del puerto

Manuel Drezner

07 de agosto de 2026 - 10:15 a. m.

Dentro de la temporada lírica del Teatro Santo Domingo, se presentó la que posiblemente sea la última gran zarzuela del repertorio, “La tabernera del puerto”, de Pablo Sorozábal, en una versión originada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, bajo la dirección musical de Miguel Ortega y la escénica de Mario Gas. Con este último hay una conexión al pasado, pues fue el padre de él quien fue parte del elenco del estreno cuando la obra debutó en Madrid, semanas antes de la guerra civil. Esta zarzuela es de las grandes, con pretensiones de ópera, y la versión que vimos fue abordada con buen sentido de las necesidades escénicas, mientras que el nivel musical fue más que satisfactorio. Desde el punto de vista del montaje, es notable el hecho de que el regista se abstuvo de hacer un espectáculo de falso folklorismo y nos mostró algo elegante, en el que el drama del pecado y la redención se desarrolló de manera convincente sin que en ningún momento se cayera en excesos. Por eso hubo una verdad psicológica, no frecuente en representaciones de zarzuelas, y eso permitió desarrollar una representación teatral convincente.

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Desde el punto de vista musical, la dirección de Miguel Ortega ayudó a mostrar las calidades de sinfonista de Sorozábal, quizá uno de los más cultos autores del género. La Orquesta y el Coro Filarmónico Juvenil tuvieron una actuación destacada, con contrastes acertados y con una disciplina notable. El reparto vocal fue admirable y respondió a las exigencias del drama con buenas voces e interesante actuación.

Quizá desde el punto de vista del espectador de nuestros días, el argumento tiene cierta tendencia al melodrama y por eso algunas situaciones pueden parecer exageradas a los ojos del espectador contemporáneo. Pero eso es parte de la tradición de la zarzuela, un género de gran popularidad entre el público capitalino que sigue gozando de las cada vez más escasas representaciones zarzueleras en nuestro medio. Pero la versión que se vio rescata la tradición de buena manera y demuestra que la vida de este agradable ejemplo de teatro lírico está asegurada por largo tiempo. La zarzuela, contra lo que se cree, no es una pieza de museo sino algo que tiene vitalidad y frescura, especialmente cuando –como en el caso de esta versión – la tradición es respetada, pero permite adaptarla a los gustos del espectador de nuestros tiempos. Quizá los libretos de las zarzuelas populares sean algo convencionales, pero una dirección de escena inteligente permite, como sucedió aquí, sobreponerse a esto y darnos un espectáculo de categoría dramática y musical. Esta “Tabernera del puerto” no fue algo perfecto, pero sí un espectáculo que demuestra por qué la zarzuela tiene méritos para ser parte del repertorio permanente.

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