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Periscopio cultural

Las brujas de Salem, un ejemplo para hoy

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Manuel Drezner
21 de mayo de 2026 - 05:05 a. m.
“Ahora que muchas veces gente es acusada injustamente de delitos imaginarios, vale la pena recordar las brujas de Salem”: Manuel Drezner.
“Ahora que muchas veces gente es acusada injustamente de delitos imaginarios, vale la pena recordar las brujas de Salem”: Manuel Drezner.
Foto: Archivo particular
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Ahora que muchas veces gente es acusada injustamente de delitos imaginarios, vale la pena recordar el episodio de las brujas de Salem, que son tan contemporáneas que incluso Arthur Miller escribió una obra de teatro sobre ellas.

Un día de 1692 en Salem, dos niñas, sobrina y nieta del recién llegado pastor Samuel Parris, comenzaron a tener conductas extrañas tales como gritar histéricamente, arrastrarse por el piso y contorsionarse. Un médico no les encontró enfermedad, pero, a pesar de eso, al poco tiempo otras muchachas comenzaron a tener comportamientos parecidos. Parris afirmó que había oído de casos similares, que esos eran señal de brujería y, por tanto, brujas debían haber endemoniado a las niñas. Buscaron culpables y las primeras mujeres detenidas fueron una esclava de nombre Tituba, una mendiga y una buena señora sospechosa porque nunca iba a misa. Todas ellas fueron acusadas de brujería. Se agregaron luego otras sospechosas y comenzó el juicio de las Brujas de Salem, con más de 200 personas acusadas. A treinta las encontraron culpables, y de estas, 19 fueron ahorcadas, no quemadas en hogueras, como se cree. Esa persecución de brujas se ha tomado como parangón de juicios posteriores en donde acusan a inocentes de crímenes imaginarios.

Hoy se cree que fue el reverendo Parris quien indujo a las niñas a sus brotes histéricos y ellas fueron imitadas por las otras acusadas cuando vieron la atención que despertaban; un caso típico de histeria colectiva. Parris lo que buscaba era crear temor para que la gente siguiera sus guías religiosas, pero todo se le salió de las manos. Tres siglos más tarde, todas las condenadas fueron declaradas inocentes pero los juicios de Salem siguen siendo símbolo de los peligros del fanatismo y la intolerancia.

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