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Los candidatos y la cultura

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Manuel Drezner
20 de febrero de 2026 - 03:00 p. m.
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Setenta candidatos a la presidencia han conseguido lo que durante décadas no lograron ni los recortes presupuestales ni la burocracia: que la cultura desaparezca del mapa político. Hay campañas en las que se discute el modelo económico, otras en las que todo gira en torno a la seguridad y algunas, las más optimistas, en las que aparece la educación como una vaga promesa. La actual contienda presidencial colombiana ha logrado innovar: con aspirantes que han logrado la hazaña de convertir la cultura en un tema inexistente. Ella no figura en los discursos, no aparece en los programas y no se traduce en preguntas por parte de los moderadores ni en demandas por parte de amplios sectores de la opinión pública.

En decenas de peroratas, entrevistas, debates y trinos lograr no decir absolutamente nada sobre bibliotecas, cine, música, teatro o formación artística supone una disciplina que ya quisieran para sí otros sectores del Estado. Ni una frase, ni siquiera una promesa que después pueda incumplirse. El silencio perfecto. Después de todo, los libros no bloquean carreteras, las orquestas sinfónicas no hacen paros armados y los museos no alteran el orden público. Los entes culturales son, electoralmente hablando, criaturas de una docilidad conmovedora.

Mientras tanto, ese sector que quieren hacer invisible continua produciendo una parte nada despreciable del PIB, exportando contenidos audiovisuales, sosteniendo festivales que llenan hoteles y restaurantes y ofreciendo en barrios algo más eficaz que muchos planes de seguridad: espacios donde la gente puede reunirse sin miedo. Pero, lamentablemente, todo eso ocurre en un plano que no parece traducirse en votos que se puedan contar.

Lo más lamentable es que esta omisión no escandaliza. Estamos viendo campañas llenas de planes para el futuro en las que nadie parece interesado en eso que explica quiénes somos. Una campaña sin cultura es una campaña sin proyecto de país porque hablar de cultura es hablar de memorias, de educación, de lenguas, de diversidad étnica y regional, de acceso al conocimiento y de la manera en que una sociedad imagina su futuro. No se trata de pedir promesas retóricas ni de llenar los programas de festivales y eventos, sino de discutir modelos de desarrollo cultural, presupuestos, institucionalidad y derechos.

El hecho de que setenta aspirantes a la presidencia no hayan dicho una sola palabra sobre el tema no es una anécdota: es el síntoma de una jerarquía de valores en la que la cultura sigue siendo considerada prescindible. Lo cual, sin duda, es una reflexión que no habla muy bien de los candidatos.

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JORGE ORLANDO DUQUE E(79458)Hace 11 minutos
Lastimosamente la cultura no da votos
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