Son muchos los músicos que han usado los mitos y las leyendas para crear sus obras. De hecho, las primeras óperas tuvieron temas como el mito de Orfeo, que fue al infierno a rescatar a su amada Eurídice, para acabar perdiéndola otra vez porque le habían prohibido voltear a mirarla y el hombre no se aguantó. La leyenda ha sido tan atractiva que hay unas cincuenta óperas con ese tema, sin contar ballets, poemas sinfónicos y hasta madrigales y una divertida opereta de Offenbach, “Orfeo en los infiernos”, donde le toma del pelo al tema.
Son muchas otras las óperas que han usado temas de cuentos y leyendas. “La Cenicienta” de Rossini es curiosa porque el músico no usó elementos mágicos para presentar a su heroína, como en el cuento original. Si uno quiere conocer en música al personaje de Perrault, con todo y hadas y calabazas mágicas convertidas en carroza tirada por ratones disfrazados de caballos, hay una ópera de Massenet sobre el tema, otra de Wolf-Ferrari y un popular ballet de Prokofiev. Massenet, a quien evidentemente gustaban los cuentos de hadas, repitió con música para “Blancanieves y los siete enanos”. Claro que Perrault no es el autor original, ya que lo que él hizo fue adaptar muchos de los llamados cuentos de la madre oca (o madre gansa, como la llaman algunos en forma poco estética) y por eso la obra de Ravel, donde los movimientos tienen nombres de esos personajes, no menciona para nada a Perrault. Las brujas, igualmente, abundan en óperas y ballets y el diablo es huésped frecuente de ellas.
Todo lo anterior para llegar a la conclusión de que entre nosotros hay muchos mitos y leyendas de tradición ancestral y entonces cabe la pregunta: ¿Por qué nuestros artistas no han hecho uso de ellas? Sin duda los resultados podrían ser interesantes.