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Cuando nació la llamada Nueva Ola francesa en los años cincuenta del siglo pasado, se planteó la idea de que el director es el verdadero y único autor de una película. Decían que la personalidad artística del director constituye el elemento esencial de una obra cinematográfica. Naturalmente, los demás participantes en la creación de un filme, como guionistas, actores, camarógrafos y técnicos de montaje, sentaron su protesta ya que consideraban que sin ellos no existiría la cinta y que atribuir la autoría solo al director resultaba una simplificación sin base. En últimas, el cine es una síntesis de artes tales como literatura, teatro, fotografía y música que se unen en una misma obra y ninguno de esos elementos puede considerarse secundario. El montaje puede modificar el ritmo y hasta el significado de una historia. Una escena puede resultar emocionante, cómica o trágica según la manera en que sea editada. Todo esto muestra que aun cuando el director posee una visión muy definida, su trabajo depende de la colaboración de especialistas que aportan elementos creativos propios.
La teoría del director como autor fue útil en sus tiempos para destacar la importancia de la puesta en escena y para mostrar que el cine no era simplemente teatro filmado, como temieron personajes como René Clair, Chaplin y otros cuando llegó el cine parlante. Lo malo es que la teoría del autor, llevada al extremo, esconde la naturaleza colaborativa del arte cinematográfico. Más que una creación individual, una película es el resultado de la interacción de múltiples talentos. Es cierto que el director desempeña un papel central, pero no exclusivo. La verdadera autoría del cine pertenece entonces a un equipo creativo cuya suma es mucho más rica que cualquiera de sus partes consideradas por separado.
Varios movimientos posteriores a la Nueva Ola cuestionaron la posición central del director. Muchos guionistas fueron considerados auténticos creadores de universos cinematográficos. De hecho, en el cine de nuestros tiempos se utiliza con frecuencia el término autor solo para referirse a cineastas que escriben y dirigen sus propias películas, como Tarantino.
Este último enfoque refleja una posición realista frente a la teoría del autor y destaca el carácter multidisciplinario de la creación cinematográfica. Es por esa razón que dicha teoría ha sido revaluada y hoy al director lo consideran un elemento más, importante pero no único, en la creación de un filme. La teoría de los autores fue útil para mostrar la dimensión artística del director, pero exageró al relegar a un segundo plano a guionistas, camarógrafos, montajistas y demás colaboradores esenciales.
