Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Este año se conmemoran los 120 años del nacimiento y 30 de la muerte de uno de los más grandes directores de la historia del cine, Marcel Carné. A pesar de la influencia que tuvo en sus tiempos, Carné ha quedado parcialmente eclipsado debido a la influencia de los cineastas de la Nueva Ola francesa, que atacaron duramente a muchos de los grandes creadores del pasado como Clair, Duvivier y el mismo Carné. Aunque este tenía un estilo profundamente personal, acabó siendo incluido injustamente dentro de una tradición que los de la nueva ola querían superar. Además, ellos favorecieron las propuestas experimentales y el llamado realismo poético de Carné fue visto como una expresión de una época ya superada.
Lo anterior no ha impedido que muchos consideren cintas como “Les Enfants du Paradis” una de las más grandes realizaciones del arte cinematográfico, y su dominio único de la puesta en escena sigue siendo estudiado en las escuelas fílmicas. De hecho, en algunas listas figura como la mejor película francesa de todos los tiempos. Otros clásicos, como “El puerto de las brumas” y “El día se levanta”, han dejado una huella incomparable en la historia del séptimo arte. El legado de Marcel Carné no solo está en la calidad de sus películas, sino también en la forma como durante la ocupación alemana protegió y dio trabajo a artistas judíos perseguidos por las leyes antisemitas del régimen de Vichy. Los judíos tenían prohibido trabajar en Francia, pero Carné no aceptó esas restricciones y recurrió a estratagemas para seguir trabajando con ellos. Un caso célebre fue el del compositor Joseph Kosma, un judío húngaro que había creado la música de varias de sus películas. Durante la ocupación, Kosma no podía aparecer en los créditos ni trabajar abiertamente, pero Carné lo siguió empleando y así pudo mantener una de las asociaciones artísticas más fecundas del cine francés. Lo mismo sucedió con el escenógrafo Alexander Trauner, autor de los asombrosos decorados de “Les enfants”. Esta película, que por fin pudo ser estrenada después de la guerra, se convirtió en un símbolo de la resistencia cultural francesa. Fue una cinta que demostró que el arte podía sobrevivir incluso bajo un régimen opresivo.
A treinta años de su muerte y a ciento veinte de su nacimiento, Marcel Carné sigue siendo recordado por los verdaderos aficionados no solo por la belleza poética de su cine, sino también por haber demostrado que la lealtad a los artistas y a la creación podía imponerse al terror y a la persecución. Su obra recuerda que, incluso en los momentos más oscuros de la historia, el cine puede convertirse en un acto de dignidad.
