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Recuerdos del dadaísmo

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Manuel Drezner
19 de junio de 2026 - 01:00 p. m.
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Son 110 años desde esa fecha en que en el Cabaret Voltaire de Zúrich nació una de las corrientes artísticas más interesantes de la historia, el dadaísmo. Un intelectual rumano llamado Tristán Tzara decidió que era absurdo que la así llamada civilización organizara carnicerías como las que se estaban desarrollando durante la guerra mundial y que había que combatir ese absurdo con un absurdo aún mayor, a través de las artes y la literatura. El movimiento Dada fue bautizado así porque Tzara abrió un diccionario al azar y buscó la palabra más rara posible y se encontró con que en francés “Dada” significa “caballo guerrero”. El propósito de los dadaístas era rechazar todos los valores que ellos llamaban burgueses usando métodos que fueran lo más irracionales posible. Trataron de demostrar así que el arte no tenía sentido y por eso el azar jugaba un papel principal en sus creaciones.

Por ejemplo, creaban poemas metiendo recortes de periódico en un sombrero y al sacarlos en cualquier orden quedaba escrito el poema. Quizá el ejemplo más famoso de los propósitos destructivos del dadaísmo fue el de Marcel Duchamp, quien tomó el mueble de un inodoro, lo firmó R. Mutt, lo bautizó “Fuente” y lo mandó a un salón de artistas. Otros dadaístas, como Francis Picabia y Man Ray, se unieron a la guerra contra la solemnidad artística, para ellos el peor de los agravios. Picabia inventaba máquinas imposibles y Hugo Ball recitaba poemas con sonidos incomprensibles. Sin embargo, detrás de las tomaduras de pelo, el dadaísmo presentaba una crítica mordaz para mostrar que si un mundo que afirmaba ser racional había hecho guerras con millones de muertos, lo estrafalario no era un urinal convertido en escultura, sino esa civilización que creía estar alejada de la locura pero asesinaba millones.

Para los dadaístas, entonces, todo era arte y cualquier objeto encontrado en una caneca de basura podía ser obra maestra. Pero sería un error creer que los dadaístas eran solo una sociedad de bromistas. La irreverencia de ellos tenía un objetivo muy claro, el de ridiculizar una sociedad que se llamaba civilizada mientras construía trincheras, lanzaba gases venenosos y creaba mataderos humanos. El gran éxito del dadaísmo fue que, al tratar de demostrar que el arte no tenía sentido, terminó cambiando la historia del arte para siempre. Sus detractores se burlaban de ellos diciendo que cualquiera podía hacer lo que los dadaístas hacían, pero estos lograron la hazaña de convertir la carcajada en una forma de protesta.

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Duncan Darn(84992)19 de junio de 2026 - 09:04 p. m.
Increíble peo cierto! Bad Bunny suena a dada pero a destiempo....
Camilo Sanchez Espejo(3yl69)19 de junio de 2026 - 07:26 p. m.
Gracias señor Drezner, me gustan sus escritos cuando no hablan de política
Mpatricia Cc(fnp2k)19 de junio de 2026 - 05:55 p. m.
Excelente
Carlos Federico Uribe Aramburo(ar680)19 de junio de 2026 - 05:11 p. m.
Con Abelardo como presidente, volverá a renacer el Dadaismo
  • luisfer9348(26884)20 de junio de 2026 - 04:10 a. m.
    Él ya es un absurdo...tartufo y fatuo.
Tulio Claudio (70717)19 de junio de 2026 - 02:19 p. m.
Combatir el absurdo de la guerra de Trump contra Palestina, Irán, Líbano, por medio del arte; cómo hacerlo para que tenga un impacto internacional? para que tenga eficacia ? mientras no le toquen el nervio económico, como pasó con el bloqueo del Estrecho de Ormuz, va a ser muy difícil que el neofascismo terrorista de Trum llegue a su final; y pensar qué va a pasar con las elecciones del domingo en Colombia con la tripleta de Trump-Abelardo- Marco Rubio...se me pone el cuero de gallina.
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