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Aritmética

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Marc Hofstetter
05 de abril de 2026 - 06:25 a. m.
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Dos letras en minúscula —“r” y “g”— están en el centro de algunas de las discusiones más importantes de la economía. Juegan un rol prominente en debates sobre el crecimiento, la desigualdad o la salud de las finanzas públicas.

Por ejemplo, muchos lectores quizás recordarán que esas dos siglas son una pieza fundamental en la muy discutida y controvertida obra de Thomas Piketty, “El capital en el siglo XXI”. Allí argumenta el científico francés que si “r” (tasa de rendimiento del capital privado) supera de forma persistente a “g” (tasa de crecimiento de la economía), la riqueza tenderá a concentrarse porque las fortunas heredadas crecen al ritmo de r, mientras que los ingresos del trabajo lo hacen al ritmo de g. El resultado: más desigualdad.

Más allá de las teorías, r y g también importan por una razón aritmética: la sostenibilidad fiscal. En este terreno, “r” es la tasa de interés de la deuda pública y “g” el crecimiento de la economía. La pregunta clave es sencilla: ¿cuánto puede gastar un gobierno sin que su deuda se vuelva inmanejable? La respuesta depende en gran medida de la relación entre estas dos letras. Si la economía crece más rápido que el costo de los intereses de la deuda —es decir, si g es mayor que r— un país puede permitirse déficits fiscales sin que la deuda se descontrole. Un ejemplo ayuda: imagine un hogar que gasta siempre más de lo que gana, pero cuyos ingresos crecen cada año lo suficiente para pagar las deudas pasadas. Mientras ese crecimiento exista, la situación es manejable.

El problema aparece cuando ocurre lo contrario. Eso es justamente lo que muestran los datos recientes para Colombia. Durante buena parte de los años previos a la pandemia, la diferencia entre r y g fue cercana a cero. En ese contexto, el Estado podía gastar más de lo que recaudaba sin que la deuda creciera en relación con el tamaño de la economía. La pandemia trajo fuertes altibajos en esa relación entre r y g, pero desde finales de 2023 la situación se ha estabilizado en una dirección preocupante: r supera a g por un margen enorme, alrededor de cuatro puntos porcentuales.

Esa brecha refleja dos historias que se cruzan. Por un lado, un crecimiento económico especialmente débil en los últimos años—el de Petro será de lejos el gobierno del siglo XXI en que el PIB habrá crecido menos. Por otro, la incontinencia fiscal no respaldada en más recaudo ha venido acompañada de mayores tasas de interés sobre la deuda.

La cuenta es sencilla: cuando la tasa de interés es mucho mayor que el crecimiento de la economía, evitar una crisis fiscal requiere un ajuste muy fuerte de las finanzas públicas. Enfrentar ese problema será una tarea difícil pero inevitable para el próximo gobierno, y los avances que logre ayudarán a reducir el costo de la deuda, a reducir el r.

Pero no todo pasa por el ajuste fiscal. También es clave pensar en el crecimiento económico, en g. Que la economía crezca es fundamental para el bienestar de las personas, para que puedan construir sus proyectos de vida. Pero la aritmética, esa que no le gusta al saliente gobierno, dice que g también es clave para estabilizar las finanzas públicas del país. Tanto como r.

X: @mahofste

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Gvbnllnh. Bvc. Nm. N jn(98086)Hace 26 minutos
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