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Bien hecho

Marc Hofstetter

17 de mayo de 2026 - 12:00 a. m.

Poco se volvió a hablar del Banrep luego de que su Junta en la última reunión de hace un par de semanas decidiera por unanimidad dejar las tasas de interés quietas.

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Esa reunión generó una expectación inusual. Había dudas de si el ministro, que la encabeza, iría. Si no lo hubiera hecho no habría podido sesionar. Las dudas no eran infundadas: el ministro había abandonado la sesión anterior y anunciado que rompía relaciones con el Banco. El gobierno enfiló sus baterías contra la institución, poniendo en duda desde su andamiaje legal hasta las intenciones de sus miembros en la toma de decisiones de política monetaria. A la puerta del Banco había periodistas pendientes de si en efecto el ministro llegaba o no. El ministro fue y la Junta sesionó.

Los analistas financieros anticipaban que en esa sesión el Banco volvería a subir las tasas de interés para contener las presiones inflacionarias que se desataron con el aumento sorpresivo del salario mínimo. El Banco, en sus sesiones de enero y marzo ya había decretado un par de subidas de interés en decisiones divididas: 4 miembros habían votado por esos aumentos mientras que los restantes tres habrían preferido bajaras o dejarlas quietas. Buena parte de los analistas creía que esa lógica se repetiría y que, con disenso, se volverían a ajustar al alza los intereses.

Pues bien, el Banco lo dejó inalteradas y lo hizo por unanimidad. Varios miembros han dejado claro que la decisión que habrían preferido desde el punto de vista técnico es distinta—algunos de nuevo habrían querido un aumento, otros una reducción. En últimas, la decisión fue un punto medio entre unas posiciones y otras y se alejó de las discusiones técnicas.

Una interpretación que han hecho muchos deja mal parada a la Junta: de acuerdo con esta lectura, el bloque mayoritario se dejó torcer el brazo por el gobierno, la licuadora mediática que prendieron tras la pataleta previa del ministro habría plegado a esos miembros a los deseos del gobierno. Apuntan, en esa interpretación, que el Banco había sacrificado con esa decisión su credibilidad y que ahora se vería permanentemente atacado por el gobierno de turno para que tome decisiones que convengan a este.

Entiendo esa interpretación, pero discrepo de ella. Creo que la Junta tomó una decisión sabia: sacó al Banco Central del debate electoral. En un mes largo ese debate habrá llegado a su fin y el Banco podrá tomar decisiones sin ese foco y sin ser el blanco de la agresividad que caracteriza los procesos electorales hoy en día. Había un objetivo más importante: defender la independencia en el largo plazo de la institución y eso requería salir de la escalada de odios en que habían metido al Banco. Que poco se haya vuelto a hablar del Banco indica que ese objetivo se logró. En junio, las posiciones sobre lo que le conviene al país en términos de tasas de interés se volverán a ver las caras, pero en el entretanto todos quedaron con el uniforme de defensa de la institución. Bien hecho.

@mahofste

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