1 Aug 2021 - 1:18 p. m.

El CARF

El proyecto de reforma tributaria es insuficiente desde la perspectiva del recaudo y un retroceso, una oportunidad perdida, analizado desde la óptica de los impuestos propuestos. Lo que ha pasado desapercibido de la reforma y que merece más aplausos que rechiflas es el capítulo que reemplaza la antigua regla fiscal, suspendida por la pandemia. Ese debate es incluso más importante que el de los impuestos. Establece cuánto déficit y cuánta deuda puede tener el Gobierno en el largo plazo y las reglas anuales que habrían de llevarnos a ese destino.

El antiguo Comité Consultivo se reemplazaría por uno “Autónomo” —de allí sale la sigla que encabeza esta nota. Tendría cinco comisionados, de los cuales cada gobierno podrá cambiar a dos. Prevé así un criterio de elección que impide una mayoría de comisionados escogidos por el gobierno de turno. A diferencia de la actual regla, el comité contaría con un equipo técnico independiente del Ministerio. Todos estos cambios son claramente una mejora en el diseño del comité.

La anterior regla establecía solo límites sobre el déficit del Gobierno central. Eso en teoría restringe a su vez la deuda misma, que se alimenta de ese déficit. Sin embargo, poner un límite adicional sobre la propia deuda como lo propone el Gobierno no es inocuo: si solo hay límite sobre el déficit, es más fácil pasar ese examen con trucos contables.

Resulta también apropiado que se mantengan las provisiones contracíclicas: cuando a la economía le vaya mal, el Gobierno tendrá más fuelle fiscal para reaccionar. Ese elemento es esencial, por un lado, porque en el futuro puede haber circunstancias en que el banco central tenga poco espacio para ser el carro de bomberos principal; por otro, porque la regla necesita legitimidad política: si la sociedad requiere temporalmente de más Estado, la regla debe permitirlo.

Los conceptos que dará el comité no serán vinculantes. A algunos les parece que eso deja su mordida sin dientes. Sin embargo, buena parte de las reglas fiscales del mundo funcionan así. El comité es útil no por ser un algoritmo inviolable que rige las finanzas públicas, sino porque fuerza al Gobierno a tener un par técnico para discutir la estabilidad fiscal de largo plazo, es una entidad independiente con un altavoz para llamar la atención sobre el devenir fiscal y los mercados financieros estarán pendientes de sus evaluaciones.

Quedan espacios de mejora. Por ejemplo, el proyecto propone que el ministerio establecerá las reglas contables. Innecesaria tentación; sería mejor usar el último manual del FMI. El texto también establece la senda exacta de límites al déficit del gobierno entrante, al que fuerza a un ajuste muy grande, más de 5 % del PIB en los tres primeros años. Es fácil dejar el ajuste duro para el siguiente en la fila. Pero si es demasiado duro —y me parece que lo es— empujará al gobierno entrante a cambiar la regla o a escarbar de nuevo el baúl de los trucos. Tensar demasiado esa cuerda puede tener el efecto contrario al esperado y reventar la credibilidad fiscal en lugar de fortalecerla.

@mahofste

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