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El equipo técnico del Banco de la República publica sus pronósticos de las principales variables macroeconómicas de manera trimestral. Los que hizo por última vez antes de que el gobierno anunciara el incremento en el salario mínimo apuntaban a que, por primera vez desde que Petro es presidente, en el ocaso de su mandato, la inflación regresaría por fin al rango preferido por el Emisor, de entre 2 y 4%, y que para diciembre de este año la cifra llegaría a 3.2%.
Desde aquel pronóstico previo al salto en el salario mínimo, la senda estimada ha cambiado radicalmente. El más reciente pronóstico apunta a que los precios habrán subido más de 6% para el cierre de gobierno en agosto y que en diciembre la cifra duplicará la estimada antes de dicho incremento. No estamos hablando solo de proyecciones: el último dato de inflación, el de mayo, ya reporta un incremento anual de 5.84%. Así, el de Petro será el primer gobierno colombiano del siglo XXI en el que la inflación no estará en el rango objetivo ni un solo mes del cuatrienio. No es sorpresa, por tanto, que sea también en términos acumulados, el gobierno durante el cual la inflación subió más durante el mandato completo: faltando aún un par de meses para cerrarlo, los precios han subido casi 31%. En los otros gobiernos del siglo XXI, los aumentos totales en el nivel de precios de comienzo a fin de los respectivos mandatos se movieron entre el 12% del primer gobierno de Santos y el 24% del primer turno de Uribe.
La inflación es una variable sobre la que el gobierno tiene influencia pero que no controla completamente. Por ejemplo, a Santos II le tocó lidiar con una depreciación de la tasa de cambio tras la caída internacional de los precios del petróleo que se confabuló con un fuerte fenómeno del Niño. Ambos golpes empujaron la inflación local sin que el gobierno tuviera responsabilidad. A Duque le tocó primero una caída de la inflación en la fase crítica de la pandemia seguida de un fuerte rebote empujado por altos precios de fletes internacionales y fertilizantes—una senda que se replicó en muchos países del mundo. Petro se subió al barco cuando ese rebote todavía traía tracción y eso explica parte de su mal guarismo acumulado y los malos datos inflacionarios del comienzo del mandato.
Pero haber heredado una inflación con tracción no explica ni que cierre el mandato por encima del 6% —el doble del objetivo del Emisor—, ni que sea el primer presidente del siglo en no lograr nunca tenerla en el rango meta, ni que la entregue al alza, ni que al cierre de su mandato el dato de inflación de Colombia ocupe el puesto 59 entre los 63 países que reporta el Banco de Pagos Internacionales —15 puestos peor que cuando arrancó el gobierno. El mal balance es el reflejo tanto de una política fiscal irresponsable como de los aumentos del salario mínimo. Y si bien es cierto que el salario mínimo ha subido más que la inflación, ese consuelo no le sirve a la mitad más necesitada del país, la que no tiene contratos laborales formales y gana menos que el salario mínimo. La canasta cara que le deja el gobierno es lo que ven.
X: @mahofste
