Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
El Banco de la República subió su tasa de interés en un punto porcentual. Su Junta tomó la decisión como respuesta a los efectos inflacionarios que prevé tendrá el ajuste del salario mínimo de 23 % que el gobierno determinó a finales de 2025.
Cuatro miembros de la junta votaron por la decisión descrita, uno propuso dejar la tasa quieta y dos reducirla en medio punto porcentual. El disenso en la Junta del Banco no es extraño: en más de la mitad de las reuniones de los últimos 20 años hubo al menos un voto que se separó de la decisión mayoritaria. Lo que no tiene precedente es que los que disienten propongan una política en la dirección opuesta y tan alejada de la mayoritaria.
El ministro de Hacienda —uno de los disensos— explicó su voto aclarando que a su entender las reducciones de tasas de interés propician reducciones de la inflación. Así mismo, en su opinión, el aumento del salario mínimo no tiene efectos adversos sobre la inflación. Una postura similar había defendido días antes el codirector Giraldo.
En la Junta de un banco central hay siempre diferentes visiones sobre cómo valorar objetivos sociales. Sus miembros pueden tener visiones distintas sobre cuál es la mejor meta de inflación o tener visiones diversas sobre la velocidad con la que deberían aplicar sus políticas para llevar la inflación a esa meta. O, enfrentados a una situación en la que una decisión del Banco para bajar la inflación llevará a mayor desempleo, sus miembros valorarán de manera diferente si vale la pena enfrentar el costo—mayor desempleo—para recibir el beneficio—menor inflación.
Esas discrepancias son naturales y recogen parte de las preferencias sociales. Pero de esa sana y necesaria diversidad a negar los efectos de la política monetaria o del salario mínimo en la inflación, a inscribirse en el esoterismo monetario que defiende el ministro, hay un gran trecho.
En buena hora les han recordado a esos dos miembros de la Junta que en 2019 el presidente turco, Erdogan, enfadado porque el Banco había subido los intereses despidió a su gerente.
En los siguientes dos años despidió a otros dos gerentes con argumentos similares. Como consecuencia de esos experimentos—combatir la inflación bajando los intereses—en 2023 la inflación turca superó el 80% durante varios meses y hoy en día sigue por encima de 30%. En el camino, la lira turca ha perdido más de 80% de su valor relativa al peso colombiano.
Para completar la dosis de esoterismo monetario, esta semana la Superintendencia de Industria y Comercio anda solicitando información a los negocios sobre su formación de precios: pareciera que el paquete esotérico viene de la mano de prohibir la inflación, como si a un enfermo en lugar de darle un tratamiento médico le ordenaran mejorarse.
El próximo presidente elegirá a dos miembros nuevos para la junta directiva del Banco de la República. Si el nuevo mandatario comulga con la secta esotérica descrita, esta tendrá mayorías en el Banco y nos podremos olvidar de la moneda estable, la inflación baja y nos acostumbraremos a vivir con la policía de los precios buscando el ahogado río arriba.
X: @mahofste
