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Estirpe condenada

Marc Hofstetter

28 de junio de 2026 - 12:00 a. m.

El partido de gobierno, el oficialismo, perdió las elecciones. A pesar de que la alternativa ultra a la que se enfrentaba era de difícil digestión para muchos, el pueblo, para usar la palabra de la que Petro quería adueñarse, decidió que era imposible, tras el gobierno que hizo, darle una segunda oportunidad. ¿Por qué?

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Corrupción: en todos los gobiernos ha habido y habrá casos de corrupción. Pero este gobierno la abrazó desde arriba; con cinismo absoluto recicló una y otra vez a funcionarios con más prontuario e investigaciones abiertas que hoja de vida. La cereza del pastel fue encargarle al muy cuestionado exalcalde de Medellín la supervisión del sector de salud y dejar al mando de la empresa más importante del país a un imputado por la justicia.

Sectarismo: El gobierno llegó al poder con los votos del centro en segunda vuelta y la promesa de incorporar sus ideas en el gobierno. A los pocos meses despidió a todos los que representaban esas ideas y empezó no solo a gobernar desde un extremo del espectro político sino para una sola porción de la sociedad, tratando de enemigos a aquellos que no compartían la totalidad de sus ideas. Gobernó con pocos y para pocos, fue el gobierno más sectario desde que empezó el frente nacional.

Politización de medios y empresas públicas: los medios públicos se volvieron una vergonzosa caja de resonancia del gobierno. De la misma manera, Ecopetrol pasó a ser una empresa manejada con criterios políticos hasta el punto en que el propio sindicato de trabajadores que apoyó al candidato Petro empezó de manera pública a expresar su desacuerdo con los manejos.

Pacientes estafados: el gobierno manejó de manera fatal el sistema de salud. Pensó que podía olvidarse de gerenciarlo con la promesa de enfocarse en un nuevo sistema que nunca pudo aprobar. Destruyó lo que funcionaba sin tener una alternativa montada. Para los pacientes son muy obvias las dificultades crecientes para acceder a servicios, procedimientos y medicamentos. El pésimo manejo vino de la mano de una indolencia y burla intolerable del presidente y su ministro cuando pacientes morían sin recibir la atención requerida.

Improvisación: con el argumento de que lo técnico es político fue desarmando los equipos tecnocráticos de las instituciones estatales, sacrificando su capacidad de acción. La eficacia estatal colapsó. La improvisación campeó desde el propio

presidente. Ejemplos: discursos sin preparar con promesas de un tren elevado de Buenaventura a Barranquilla, uno interoceánico en el Urabá, la firma de la paz con el ELN en tres meses, y un largo etcétera.

Errores clásicos: dos de los principales temores de muchos en 2022 se basaban en la mala experiencia en los temas de seguridad y finanzas públicas en países de la región gobernados por gobiernos similares. Increíblemente, a pesar de esas experiencias, en Colombia también se materializaron: desastre en el frente de seguridad y debacle en las cuentas públicas.

Instituciones: la puntilla fue la no aceptación inmediata del resultado electoral y la siembra de teorías conspirativas sobre el proceso por parte de Petro. El círculo que comenzó con un presidente que se alzó en armas aupado por un presunto fraude electoral en 1970, termina con este socavando la validez de las elecciones que su partido pierde cuando gobierna y se pone al nivel de la pequeñez de Trump y Bolsonaro.

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Esa estirpe pedía, en cabeza de Cepeda, una segunda oportunidad. Pero esa estripe, condenada, no la merecía.

X: @mahofste

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