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Gastar o no gastar

Marc Hofstetter

27 de noviembre de 2022 - 12:00 a. m.

Aprobada la reforma tributaria que dejará ingresos en las arcas del Gobierno por cerca de $20 billones, el debate gira ahora alrededor de qué hacer con los recursos. El Gobierno ha anunciado que presentará al Congreso un proyecto de adición presupuestal para definir el monto y el destino de más gastos estatales respaldados en esos ingresos.

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Gastarlo todo sería una muy mala idea: una porción significativa de la reforma debería usarse para reducir la deuda pública.

La primera razón para ahorrar una buena parte de la reforma es el peso financiero que tiene ahora honrar la deuda pública. Con la reciente devaluación, al convertir las obligaciones externas a pesos, su monto ha aumentado. Además, tanto en pesos como en dólares, la tasa de interés a la que el mercado financiero está dispuesto a prestarle al Gobierno colombiano también ha subido. En concreto, el año entrante el Gobierno deberá desembolsar el equivalente a cerca de cuatro reformas tributarias para pagar los intereses.

Una segunda razón para reducir la deuda es que hacerlo puede desatar un círculo virtuoso: los mercados financieros tendrían menos dudas sobre nuestra capacidad de pago aliviando la presión reciente en tasas de interés y de cambio.

El tercer argumento para no gastar los ingresos frescos es que estos en buena parte provienen del sector minero, aquel que el Gobierno quiere ir apagando. Si el pronóstico (y el propósito) es que ese sector se irá reduciendo, es fiscalmente insostenible financiar nuevos gastos permanentes con una fuente de ingresos transitoria.

El cuarto argumento se refiere a la inflación. En su último informe, el Banco de la República estima que la economía está recalentada. La inflación, según ese cálculo, ya no solo es consecuencia de un año climático difícil y de eventos externos, sino que tiene también un motor local: el exceso de demanda. Si eso es así, la recuperación económica tras la pandemia se ha completado y ahora lo que corresponde es bajarle la velocidad a esa demanda. El Banco lo ha venido haciendo, subiendo la tasa de interés. La coordinación de políticas entre el Banco y el Gobierno que ordena la Constitución sugeriría que ese esfuerzo se debe acompañar de menos desahorro público.

Un quinto argumento: el ministro de Hacienda ha defendido la idea de gastar los recursos de la reforma basado en un viejo “teorema” de economía que señala que subir el gasto público y los impuestos al tiempo y en la misma magnitud impulsa la actividad total. Dos respuestas a esa afirmación: primero, como dije en el punto anterior, no es nada claro que en este momento se requiera de más impulsos a la actividad económica. Y segundo, hay otro “teorema”, uno que indica que el anterior no funciona en economías como la nuestra: pequeñas, abiertas y con tasa de cambio que se mueve al son del mercado.

Twitter: @mahofste

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