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La semana económica

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Marc Hofstetter
09 de agosto de 2026 - 05:00 a. m.
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Días movidos para la economía colombiana.

Por un lado, comenzó el nuevo gobierno. Mientras escribo esta columna este aún no ha esbozado de qué manera enfrentará la tronera fiscal que encontró. De acuerdo con recientes estimativos que mencionó el nuevo ministro de Hacienda, a la deuda en niveles históricos se le suma ahora el hecho de que los gastos comprometidos son mayores a los ingresos previstos en cerca de 50 %: por cada cien pesos que le entran al gobierno, hay gastos firmados por ciento cincuenta. Sin duda hay derroche, ineficiencia y corrupción, pero también cabe un mea culpa de la sociedad: nos hemos ido prometiendo a cuentagotas un Estado cuyas tareas y tamaño en realidad no estamos dispuestos a financiar.

Con un faltante tan gordo, el lío no se va a resolver con una receta única. Habrá que acudir a todas las formas de lucha y en las próximas semanas Hacienda deberá señalar en qué dosis acudirá a cada una: habrá que mejorar los ingresos tributarios, recortar gasto no atado a reglas legales que impidan su reducción, estrechar las tuercas de la DIAN incluyendo un respaldo irrestricto del propio presidente para que se puedan nombrar y proteger a quienes apretarían esas tuercas tributarias y aduaneras, abrir las puertas a la exploración de hidrocarburos y al fracking, vender activos no estratégicos del Estado. Todo eso no alcanzará: en algún momento nos tendremos que sentar a discutir el contrato social. ¿Lo hará este gobierno?

La segunda dosis de acción económica vino por el lado monetario. Cuando la junta directiva del Banco de la República subió las tasas de interés en junio, el consenso del mercado apuntaba a una nueva subida en julio. Ciertamente había buenas razones para esperar el nuevo golpe: esta semana los pronósticos del propio Banco apuntan a que en diciembre la inflación habrá subido hasta cerca de 7 %.

Sin embargo, desde la reunión de junio hasta la de la semana pasada, el peso colombiano se apreció 10 % y se alejó aún más del comportamiento de monedas pares. Esa apreciación es una mala noticia para el importante sector exportador: se suma a los golpes de los aranceles de Estados Unidos, al aumento de los costos de la energía y laborales y las malas perspectivas climáticas. Como la subida de tasas de interés acentúa la apreciación, la decisión esperada por el mercado dejó de ser la alternativa obvia.

En una decisión dividida, la Junta dejó las tasas quietas y de paso anunció que compraría reservas internacionales. La pausa en el incremento de tasas y el anuncio de comprar dólares le enviaron señales al mercado que pueden ayudar a frenar la creciente musculatura del peso. En ese difícil balance entre los costos y beneficios de la decisión, los tres miembros que disintieron habrían preferido aumentar las tasas.

Con ese panorama es incierto qué hará el Banco en la siguiente reunión. No solo porque la evaluación de los pros y contras de la situación pide medidas contraqdictorias, sino porque habrá cambio de ministro en la Junta y las posturas del gobierno en materia de política monetaria todavía no las hemos oído. Su voto puede ser definitivo.

@mahofste

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