6 Jun 2021 - 2:00 a. m.

Lecciones aprendidas

Marc Hofstetter

Columnista

En tiempos convulsos como los que corren, las “narrativas del fracaso” toman fuerza. El progreso social, institucional y económico construido por generaciones queda en ese relato sepultado por los avatares de la coyuntura.

Un progreso que pasa desapercibido en medio de los enormes retos que enfrentamos es la solidez del sistema financiero. En la última gran crisis económica que vivimos, la de finales del siglo XX, la regulación y supervisión financiera que teníamos resultó inapropiada para lidiar con los malos tiempos. A la crisis económica se sumó una inoportuna crisis bancaria que requirió de grandes recursos estatales y dificultó la recuperación.

En la coyuntura actual, con indicadores de desempeño económico peores en muchos frentes que los de la crisis de final del siglo XX, el sistema financiero ha aguantado la prueba: las reglas de juego —relativas a su capitalización y cómo aprovisionar recursos a medida que los préstamos se agrian— mucho más estrictas que antaño, han permitido que el sector navegue por estas aguas sin dar señales de peligro de naufragio. Ahora que todos los bombos y platillos están guardados, no sobra recordar que sobre los aprendizajes de las crisis anteriores se construyó una mejor arquitectura de regulación y supervisión financiera que está dando frutos.

Otra buena señal relacionada con el sector financiero es que las tasas de interés de los préstamos han venido cayendo. Esto, claro, también ha sido propiciado por una reducción en las tasas del Banco Central: en contraste de nuevo con la crisis de 1999, el Emisor ha reducido sus tasas de interés contribuyendo a atenuar la crisis. Ese es otro frente en que la política pública y el andamiaje institucional están mejor equipados que un par de décadas atrás.

Donde las noticias no son alentadoras de cara a la senda de recuperación es en el frente desembolsos por parte de los establecimientos financieros. Comparado con las cifras desembolsadas en el último trimestre de 2019 —antes de la pandemia—, los datos de los últimos tres meses (febrero-abril de 2021) denotan una cifra 16 puntos porcentuales más baja. Preocupa sobre todo la mala dinámica en los créditos a las empresas que explican buena parte de esa caída. Esto puede reflejar tanto un problema de demanda de crédito por parte de estas como uno de oferta del sector financiero: ante los mayores requerimientos para cubrir malos créditos y unas perspectivas económicas inciertas, los estándares para otorgarlos se aprietan. Desembolsos que están lejos de la dinámica prepandémica auguran una recuperación lánguida de la actividad económica y del empleo y unas perspectivas tenues de alcanzar las sendas de empleo e ingresos a las que apuntábamos hace 18 meses.

Pero sin duda esas consecuencias serán menos graves que si se hubieran dado en un contexto de crisis bancaria y crecientes tasas de interés como hace más de 20 años. Tenemos un mejor Banco Central, una mejor Superfinanciera y mejores políticas que salen de esas instituciones. No todo es un fracaso.

@mahofste

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