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24 Oct 2021 - 2:00 a. m.

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Las destorcidas económicas y sus posteriores recuperaciones dejan en el camino señales ruidosas sobre el verdadero estado de la economía. Por ejemplo, Colombia cerrará 2021 con el más vigoroso crecimiento económico relativo al año anterior del último medio siglo: los pronósticos recientes de varios analistas apuntan a que nuestros ingresos aumentarán por encima del 9 %. Ese incremento será también uno de los mayores del hemisferio occidental. Pero claro, la cifra viene antecedida de la peor destorcida, también en más de medio siglo, en ese indicador: una caída cercana al 7 % del PIB colombiano en 2020.

Como el rebote representará una cifra mayor a la destorcida, es tentador concluir que ya recuperamos el terreno perdido, que la tarea ya está hecha, que los ingresos de los hogares colombianos ya alcanzaron el destino apropiado. Esa conclusión es a todas luces incorrecta: a la cifra falta incorporarle el aumento que habría habido en esos ingresos en ausencia de la pandemia y sus efectos.

El FMI acaba de reportar un dato que justamente pone la lupa sobra las potenciales cicatrices que habría dejado la pandemia, más allá del ruido de la drástica caída y el posterior rebote. Su cálculo se centra en las proyecciones de actividad económica de 2022 para cada país, comparando las que habían hecho a finales de 2019, con las que acaban de hacer este mes. En ese frente, Colombia sale mal parada: estima el FMI que al cierre del año entrante nuestro PIB estará 6 % por debajo de lo estimado justo antes de la pandemia. ¡Una tremenda cicatriz! Para seguir con la comparación de marras, ese dato es uno de los peores del hemisferio occidental. Es sin duda muy buena la noticia de que hemos ido recuperando, a una mayor velocidad de lo previsto, los ingresos de los hogares colombianos. Pero su suma aún está lejos de donde debiera y aún tenemos que recuperar cerca de un millón de empleos.

La perspectiva de quedarnos con una de las peores cicatrices del hemisferio exige no bajar la guardia. Por un lado, el Banco de la República no debería sucumbir a los llamados de algunos a imitar políticas de vecinos como Brasil y Chile, que han catapultado sus tasas de interés en meses recientes: allí persiguen tasas de inflación mayores, y la métrica descrita del FMI indica que su brecha de PIB para finales del año entrante es menor a la nuestra. Es mala idea copiarlos. Y por el lado del Gobierno, a punto de cumplir la meta del 70 % de vacunación, es hora de ir anunciando un 2022 sin emergencia sanitaria de por medio, con vacunas para los niños a partir de los 5 años, sin restricciones más allá de tapabocas en espacios concurridos y cerrados, con todos los niños yendo todos los días al colegio sin alternancia. Sobre esa base sus padres y cuidadores podrán recuperar el espacio para reincorporarse a sus proyectos de vida, contribuir a la recuperación de la economía de sus hogares y apoyar ese esfuerzo colectivo de limar las cicatrices de la pandemia.

@mahofste

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