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Qué caminos llevan a la prosperidad general es una pregunta que ha intrigado a las sociedades desde hace siglos y que es central en los debates políticos. Si algo queda claro de esas largas discusiones y de los miles de estudios sobre el tema es que esa loable meta social depende de muchos factores que incluyen las características geográficas, las instituciones, la cultura, los equilibrios políticos, la educación, los derechos de propiedad, las libertades individuales, los sistemas tributarios, la seguridad, la capacidad del Estado de proveer bienes públicos, del comercio internacional, entre muchos otros.
Un gobierno comprometido con pavimentar caminos a la prosperidad debe atacar simultáneamente todos esos frentes. Eso requiere un ensamblaje de conocimientos de sus funcionarios que permita ir acoplando miles de piezas que finalmente forman el motor que nos lleva hacia mejores condiciones de vida generales. Pero para siquiera considerar el esfuerzo de tan complejo engranaje, se requiere que los líderes crean en la posibilidad de la construcción de un motor colectivo que genere ese movimiento.
El gobierno Petro no trabaja en ese engranaje porque tiene una visión de pensamiento de suma cero: el aumento reciente del salario mínimo de 23 % es un ejemplo de ese pensamiento. Detrás de ese aumento lo que ve Petro es una puja en la que él le quita a unos (en su visión, a “los ricos” representados por todos los negocios del país) para darle a otros (“los pobres”, si bien en el caso criollo quienes tenían un trabajo formal y los cobija ese aumento ya estaban en deciles privilegiados de la sociedad). No ve espacio para una cooperación entre unos y otros en donde ambos ganen. Trump también es un sumacerista. Su visión del comercio internacional es un claro ejemplo: si un país le vende a Estados Unidos más de lo que le compra, su interpretación es que a Estados Unidos la están robando. Otro ejemplo: si un migrante entra al país, su interpretación es que las ganancias del migrante se hacen a expensas de las de los locales.
Los sumaceristas no consideran la posibilidad de cooperación entre diferentes actores sociales o países. La ganancia del otro la leen como una pérdida propia. Para los sumaceristas no hay una torta nacional que se pueda incrementar en asocio con otros sino unas tajadas fijas por las que hay que luchar. El matoneo de Trump a otros países o a los migrantes, los decretazos de Petro, su nulo interés en los consensos, su desprecio por la tecnocracia que construye las piezas que permitirían con muchos
esfuerzos conjuntos echar a andar el motor de marras, los posicionan como miembros honorarios de esa secta.
De este lado de la ecuación, ojalá los votantes se inclinen en los próximos meses por opciones electorales cuyo objetivo no sea machacar a otros actores, sino facilitar la cooperación entre estos. Solo así podremos volver a enfocarnos en construir las miles de piezas que empujan a las sociedades a destinos más prósperos en lugar propiciar miles de batallas encaminadas a quitarle a otros unas migajas de una estancada torta nacional.
X: @mahofste
