ESTE PAÍS ES COMO EL ALKA-SELtzer: hace efervescencia y después baja. Los temas se desinflan, como en el caso del tema de nuestra infraestructura vial y de los accidentes fatales que produce.
Después del accidente de un bus que iba de Medellín a Quibdó, donde murieron más de 25 personas, dicen que por culpa de las condiciones lamentables de la vía, apareció el ministro Andrés Uriel (¡ojo, el de Transporte!) a decir que la Fiscalía tenía que buscar a los responsables y que, si era necesario, a él también lo investigaran. ¡Qué cristiano! ¡Crucifíquenme a mí también! Pero sí, deberían investigarlo por negligencia. Ya se había asignado una partida de 60 mil millones para esa carretera y, ¿a dónde fueron a parar? Se dice mucho que a los empresarios de la palma africana sí les hacen carreteras pero, como vimos, a los negros del Chocó, no. Que en los lugares en donde se hacen los consejos comunales se construyen vías. Es decir, la plata asignada para la infraestructura vial se usa para hacer populismo. Eso sin hablar de Invías, cuyo anterior director se la pasó defendiéndose para quedarse atornillado en su puesto, desde que le descubrieron las mentiras y las trampas.
Los accidentes en las vías colombianas sí tienen que ver con las malas condiciones de las carreteras, pero mucho también con la forma atrabiliaria como manejan los choferes de bus. Aquí también debería haber presencia del Ministerio de Transporte y ponerles reglas a los transportadores. No sé si las haya pero, si las hay, evidentemente no se cumplen.
¿Cómo a los pilotos de avión sus respectivas compañías sí les hacen controles de alcoholemia, les hacen exámenes para ver si consumen drogas y exámenes sicológicos? Y además les dan tiempo de descansar antes de comenzar un nuevo vuelo. Hago esta comparación porque los aviones, como las flotas, transportan gente, vidas humanas.
Deberían exigirles a los transportadores controles del mismo tipo para sus choferes que, además, manejan a unas velocidades impresionantes, irresponsablemente, presionados por los dueños de las transportadoras para que les rinda el tiempo. Algunos manejan borrachos. Otros, enguayabados o cansados porque hacen unos turnos de horas infinitas. Pero a las compañías transportadoras de tierra nadie las controla. Hacen lo que quieren y ganan bastante plata. Eso es lo que les importa e invierten lo menos posible en el mantenimiento de su flota de buses y en su personal. Debería el Ministerio exigir controles y ser muy rígido, porque un chofer trasnochado o con tragos es un asesino en potencia. También debería exigirles un mantenimiento de sus buses y una revisión mecánica previa al viaje.
Hay que ser serios y más cuando lo que está en juego es la vida. Sería necesario que el Ministerio de Transporte se apersonara de estos temas y de otros que ha dejado en el aire. Y los transportadores, que son una mafia que mueve muchas cuerdas, deberían estar conscientes de que, por culpa de ellos, centenares de personas se están muriendo anualmente, por accidentes en las carreteras. Los colombianos nos hemos vuelto totalmente indiferentes al desperdicio de la vida humana.