22 Jul 2021 - 4:30 a. m.

Cuba, la solidaridad es urgente

Como anunciábamos en columna anterior, las consecuencias del bloqueo económico y financiero definido por el Congreso de Estados Unidos contra Cuba caen directamente sobre todo su pueblo. El país, que en relación con su población tiene uno de los más altos números de profesionales, fue obligado a vivir del turismo, el cual se ha reducido a mínimos en tiempos de pandemia, y como consecuencia hoy vive una emergencia alimentaria y sanitaria que requiere la urgente solidaridad internacional y del pueblo colombiano.

La crisis financiera y productiva del sistema —agudizada también por la pandemia— ha sido generalizada y sus consecuencias se vuelcan sobre los más vulnerables, como lo hemos sufrido en Colombia, lo cual es condenable, como lo es también que a una pequeña nación inundada de utopías y con la disposición de acabar con esas desigualdades se le mantenga un inhumano bloqueo que, desde 1992, ha sido rechazado 28 veces por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Es indignante que el Gobierno de la “gente decente de camionetas blancas” —enemigo radical de los bloqueos populares— vuelva a convertir a Colombia en el “Caín de América”, lo cual se expresó en la reciente votación de una nueva declaración de esta Asamblea, donde 184 países rechazaron el bloqueo imperial, dos se opusieron (el bloqueador e Israel) y tres se abstuvieron (Colombia, Brasil y Ucrania). Se repite otra vez una violación masiva, flagrante y sistemática de los derechos humanos que, según la Convención de Ginebra de 1948, “constituye un acto de genocidio” sobre el pueblo cubano.

La agresión se inició con un memorando del Departamento de Estado estadounidense el 6 de abril de 1960, que llamaba a poner en práctica “todos los medios posibles para debilitar la vida económica, negándole a Cuba dinero y suministros” para provocar hambre y desesperación con el objetivo de derrotar al gobierno. Y luego de 61 años de resistencia, contra vientos y mareas, les toca enfrentar una “tormenta perfecta” que afecta gravemente la vida de su pueblo. Grandes dificultades para mantener un sector productivo estatal que requiere materias primas y nuevas tecnologías y al mismo tiempo apoyar las renacientes iniciativas asociativas y familiares de pequeños y medianos emprendimientos, con falta de divisas para surtir el mercado y distribuir en equidad los accesos al consumo de la población, pues, si bien se han duplicado y triplicado los salarios, la demanda supera la oferta y encarece los productos. Problemas que se extienden al área de la salud, históricamente su mayor fortaleza, en la que, luego del enorme esfuerzo de producir y aplicar a la fecha más de siete millones de vacunas, tienen que atender a los pacientes de un nuevo pico de la pandemia sin mascarillas, batas médicas, jeringas, guantes ni medicamentos de importación.

Es más que obvio que existan descontento y demandas por parte de la población, en particular en los sectores menos integrados a la sociedad. Superar la dependencia en un modelo de supervivencia basado en el turismo requiere acabar con el bloqueo, junto con un cambio drástico en el modo de producción, que no es inmediato y que solo puede hacerse manteniendo la cohesión de su pueblo y reanimando los espacios democráticos que reconstruyan el poder popular que los caracterizó en sus inicios. La consigna no será la de “libertad, libertad” impulsada por los servidores de los bloqueadores —los cuales no han sido asesinados ni agredidos por la Fuerza Pública— sino, como veremos en los próximos días, la de “revolucionar la revolución”, escuchar mucho más las críticas constructivas y ganar en las calles, como lo ha declarado su presidente. La solidaridad es una gran cualidad de nuestro pueblo. Manos a la obra.

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