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Los mandamientos a la hora de votar

Marcelo Caruso A.

26 de mayo de 2026 - 12:05 a. m.

La agresión del presidente Trump al papa León XIV coloca a las distintas religiones y comunidades de fe en la disputa política global. Existieron antecedentes de las complejas relaciones entre política y religión cuando los papas Pío XI y Pío XII sufrieron de “ceguera” frente a los crímenes del fascismo en Italia; era la época en la que la Iglesia católica iba de la mano de quienes ejercieran la hegemonía del sistema, lo cual se expresó claramente en Colombia con las misas antiliberales llenas de odio, que recorrían el país en la época de la Violencia conservadora.

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Una tendencia que comenzó a fragmentarse y revertirse con la que se conocería como la Teología de la Liberación, institucionalizada en 1968 en la II Conferencia del Episcopado de América Latina realizada en Medellín. Su consigna sintetizada era: “Los pobres deben luchar para que el Paraíso se conquiste en la tierra y no después de muertos”; la cual convirtió a sus voceros de fe en objetivo militar de las dictaduras —si bien sus resplandores se reprodujeron en las décadas siguientes—. En esos tiempos de extrema violencia, las iglesias protestantes mantenían una mayor vinculación con las necesidades y sentires de la gente; lo cual hoy se continúa, si bien concentrada en las medianas y grandes ciudades.

Con el triunfo de la revolución cubana y, posteriormente, el triunfo electoral del socialista Salvador Allende en Chile, los planes imperiales de neocolonización amable iniciados con la Alianza para el Progreso se combinaron con el impulso a los golpes militares en Latinoamérica, y con su apoyo a la llegada de iglesias evangélicas gringas de claro perfil moralista y conservador, que se confrontaban con los nuevos sujetos sociales que recorrían el mundo exigiendo libertades y derechos humanos con enfoques diferenciales.

La ofensiva reaccionaria llevó a la extraña muerte “súbita” del papa Juan Pablo I, quien había comenzado a revisar los movimientos de la Banca del Vaticano, y se extendió con altibajos por varios papados hasta la llegada del papa Francisco, quien venía de sufrir los horrores de la dictadura militar en Argentina. Su encíclica Laudato si’ sobre la necesidad de proteger la “Casa Común”, rompió con esa tradición de plegarse a las clases dominantes, para realizar una dura crítica al sistema capitalista por su responsabilidad frente a la crisis climática y el daño a la Naturaleza.

En ese contexto tuve la oportunidad de participar en un proyecto del gobierno noruego, las Iglesias por la Paz y ONU Medio Ambiente, que impulsaba una Iniciativa Interreligiosa para la defensa de los bosques tropicales (Amazonía) y sus habitantes. Confluyeron casi todas las iglesias, comunidades de fe y pueblos indígenas de Colombia, para la protección de la “creación del Señor” y de la “Pacha Mama”. Allí constaté que la imagen que se proyectaba mostrando a las iglesias evangélicas como sólidos apoyos de las propuestas políticas más conservadoras tenía sus grietas; algo que había observado en México, EE. UU. y Argentina. Encontré pastores que no compartían la utilización política que realizaban algunos de sus liderazgos religiosos nacionales. Comprobé que esa visita diaria casa por casa que realizaban muchos de ellos para frenar la deforestación, así como la acción directa de las mujeres que recriminaban a sus esposos por cometer el pecado de dañar la creación divina, tenían un gran impacto, de lo cual estaban alejados los sectores tradicionales de la iglesia católica. No fue casual que el papa Francisco creara la Conferencia Episcopal de la Amazonía, CEAMA, comprometida en la aplicación continuada del Laudato si’.

Pude comprobar que un nuevo tipo de ecumenismo, más allá de los cristianos, se estaba desarrollando en el mundo, y que el cuidado de la Naturaleza es su esencia. Por lo que solo me resta recomendar con respeto a la ciudadanía creyente y también a la que no lo es, una relectura reflexiva de los diez mandamientos, en particular del cinco en adelante, antes de ir a votar.

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