11 Jun 2021 - 3:00 a. m.

México, en modo reflexión

Si las elecciones que eligieron a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en 2018 significaron una avalancha histórica de votos, las realizadas este 6 de junio fueron también históricas por haber sido las que más cargos de elección popular definieron, al unificarse por primera vez los comicios locales —gobernadores, diputados, alcaldes y concejales— con los de Cámara de Representantes.

El resultado fue que el partido de AMLO, Morena, que tenía mayoría en la Cámara de más del 51 % y completaba mayoría calificada (66 %) con sus aliados (Partido del Trabajo a su izquierda y Partido Verde a su derecha), hoy sigue siendo el mayoritario, pero solo logrará con sus compañeros de coalición una mayoría del 55 % y tendrá que pensar en complicadas alianzas y concesiones para lograr las 100 transformaciones que anunciaba para su segundo trienio. Si bien ganó nueve de las 15 gobernaciones en disputa, perdió el 50 % de las alcaldías de la Ciudad de México, que había sido el baluarte histórico del partido de AMLO.

Las razones son varias. En primer lugar, se comprueba lo inconveniente de juntar las elecciones nacionales con las locales. En las primeras prima un discurso y un sentir político partidista que se ordena de arriba hacia abajo; pero en las segundas, que van de abajo hacia arriba, priman realidades diversas y complejas de municipios, con intereses que van de lo personal a los de las mafias que controlan a muchos de ellos, lo cual explica las repetidas declinaciones a favor del que iba a ganar y los más de 80 candidatos asesinados para que no ganaran. El desorden y la confusión generados empujaron hacia la abstención (52 %) el voto de opinión, que afectó más a los partidos que se rigen por programas definidos que a los que tienen aseguradas sus clientelas y la compra de votos.

Además, AMLO no entendió que quienes lo apoyaron esperaban esas transformaciones en forma rápida, más aún con los impactos desgastantes de la pandemia. El castigo a su vacilación implicó perder votos entre la mayoría de los jóvenes, pero que no migraron hacia la contradictoria coalición creada por el PRI, el PAN y el PRD, antes férreos enemigos y hoy unidos para frenar la coalición de centroizquierda. Y la derrota en Ciudad de México se puede explicar por el impacto del derrumbe del puente de un tren construido en el gobierno de Morena por su actual canciller, supuestamente agravado por falta de mantenimiento adecuado de su actual alcaldesa, ambos hasta entonces punteando la lista para la sucesión de AMLO. A lo que se suma una equivocada selección de candidatos por el nuevo presidente de Morena, cuyo cargo peligra.

La reflexión sobre lo sucedido deberá llevar a comprender que, aun en un escenario menos favorable, será una exigencia mayor el cumplimiento de los avanzados 100 puntos del programa de gobierno, contando con la participación activa de la gente. AMLO deberá basar mucho más sus proyectos en la fuerza leal que le ha significado siempre el PT, ya que su aliado Verde tiene más de empresa electoral que de partido de principios.

La oposición también encontró sus límites, pues su coalición confunde a quienes por años los han seguido por convicción. El “todos contra AMLO” mediático que se centró en la capital y aprovechó el funcionamiento caudillista que se le dio a Morena puede ser frenado si AMLO logra revisarlo, escuchar la voz de ese pueblo que lo votó esperanzado y así trascender junto con su proyecto antineoliberal.

* Observador electoral invitado por el INE.

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