Sin lugar a dudas los acuerdos de Abraham marcan un antes y un después en el medio oriente, acostumbrado como nos tiene a que las noticas que de allí emanan son usualmente malas. El paradigma que parecía existir según el cual ningún país árabe haría la paz con Israel hasta tanto se resolviera el conflicto palestino-israelí, quedó hecho pedazos, con el establecimiento de relaciones plenas entre el Estado judío y los Emiratos Árabes, Bahréin, Sudán y muy significativamente, Marruecos.
Estos acuerdos son un gran logro de la administración Trump y su sucesor, Joe Biden ha declarado que los apoya y mantendrá. Los acuerdos de Abraham sacan del closet relaciones clandestinas que desde hace décadas existen entre Israel y varios países árabes, cimentadas sobre muy evidentes intereses comunes. Irán y sus actividades desestabilizadoras aparecen como uno de los ingredientes que han allanado ese acercamiento.
Ante la posibilidad, poco probable, de que Israel anexará partes de Cisjordania, Trump presionó a los Emiratos Árabes a establecer relaciones con Israel a cambio de que Jerusalem renunciara a la anexión. A Sudán país que se encuentra en una compleja transición de la larga dictadura de Omar Al Bashir, Estados Unidos le prometió sacarlo de la lista de países que apoyan al terrorismo, ya hecho, y significativa ayuda económica, a cambio de establecer relaciones con Israel.
Con Marruecos, Trump logró una carambola a tres bandas. A cambio de establecer relaciones plenas con Israel, que el Reino ya las había tenido en el pasado, Washington reconoce la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental, lo que para Rabat significa un gran triunfo diplomático en su larga gesta de obtener reconocimiento de jure a lo que de facto ya goza, tanto de Estados Unidos como de Francia, su antiguo patrón colonial.
El veloz avance de las relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes ha sorprendido a propios y extraños. El diálogo político se fortalece, La inversión fluye de los Emiratos al Estado Judío, incluso en la compra de un equipo de futbol, los vuelos entre los dos países no dan abasto transportando a miles de turistas y el intercambio tecnológico y educativo presenta un enorme potencial. El establecimiento de relaciones plenas entre Israel y Marruecos tiene un significado especial por los casi un millón de ciudadanos israelíes de ascendencia magrebí.
Sin duda vendrán más países árabes y musulmanes que establecerán relaciones con Israel pues es de su interés. Quizás Arabia Saudita, Omán, Qatar, Indonesia, Bangladesh. Turquía otrora aliado estratégico de Israel, alejado en los últimos años, ha dado señales de querer acercarse nuevamente al Estado Judío.
¿Y los palestinos? Lamentablemente lo único que ha emanado de Ramala son condenas y acusaciones de traición a los países que han establecido relaciones con Israel. Ni se diga desde Gaza, el otro gobierno de los palestinos en cabeza de Hamás. La región hoy es otra, los líderes palestinos tienen la oportunidad de subirse al tren de los cambios o enquistarse en el pasado y en su negación, fallándole a su pueblo.