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Marcos Peckel
12 de julio de 2023 - 05:00 a. m.
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Bakú (Azerbaiyán). Corría la mitad del siglo XIX cuando en esta ciudad, al borde del mar Caspio, se extrajo petróleo de manera industrial por primera vez con la construcción del primer pozo, siglos después de que por estos lados fuesen descubiertos los primeros campos de ese viscoso líquido negro que se prendía con el fuego. Así surgió la “fiebre del petróleo”, que atrajo a estas costas avezados financistas e industriales, entre los que sobresalieron los hermanos Nobel (de los famosos premios) y los Rothschild (oligarcas rusos de la cuerda de los zares). Al pozo le siguió la construcción de la primera refinería en Bakú y un oleoducto hacia la madre Rusia.

Azerbaiyán, poblada por tribus de origen turco provenientes de Asia central, ha visto ir y venir imperios. Acá llegaron en su apogeo los romanos, los árabes en su rápida expansión por Asia en el siglo VII; los mongoles, que destruyeron todo a su paso; Tamerlán, varias dinastías persas y los rusos. Azerbaiyán gozó de dos años como Estado independiente tras la Primera Guerra Mundial, pero fue invadida en 1920 por el ejército rojo, convirtiendo al país en república soviética. El islam llegó con los primeros califas y tras la dinastía Safávida en Persia, el islam chiita fue adoptado por los azerís, al igual que los persas.

La implosión de la Unión Soviética dio origen a 15 nuevos Estados, Azerbaiyán entre estos, que apenas independizada tuvo que enfrentar su primera guerra contra Armenia por el enclave de Nagorno-Karabaj, ubicado en el centro de Azerbaiyán, pero de población mayoritariamente armenia; dos pueblos con largo historial conflictivo. Esta primera guerra, que dejó decenas de miles de víctimas, la perdió Azerbaiyán, que vio cómo un 20 % de su territorio era ocupado por los armenios, espina que se sacarían 20 años después cuando, en 2020, Azerbaiyán, con apoyo militar de Turquía e Israel, recuperó casi la totalidad de sus territorios, quedando aún la capital de Karabaj en poder armenio. Este conflicto, aún no resuelto, ha marcado al país en su período de independencia.

Azerbaiyán, país petrolero y gasífero, aunque nominalmente musulmán chiita, rabiosamente secular, es gobernado por la dinastía Aliyev, hoy en cabeza de Ilham, en el poder desde 2003, quien lo heredó de su padre, Heydar. Los ingresos del petróleo se evidencian en el desarrollo que ha tenido Bakú, la capital, llamada la Dubái del Cáucaso: edificios de arquitectura imponente, vías, metro, ferrocarril, puertos, escenarios culturales, centros comerciales y aeropuerto internacional de primer nivel.

El país, consciente de su estratégica ubicación geográfica, se está convirtiendo en el centro de nuevas rutas comerciales que unen Oriente con Occidente, evitando puntos neurálgicos como Rusia e Irán. Azerbaiyán mantiene relaciones cercanas con Moscú, ha fortalecido sus vínculos comerciales, diplomáticos y políticos con Europa y Estados Unidos, una alianza estratégica esencial con Turquía, basada tanto en intereses como en identidad compartida (una nación, dos Estados) y crecientes lazos con Israel, fundamentados en una convergencia de intereses comerciales, diplomáticos, tecnológicos y militares.

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