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Británicas

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Marcos Peckel
21 de septiembre de 2022 - 02:25 p. m.
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“Cuándo todo en el planeta se acabe, hasta las cucarachas, lo único que sobrevivirá será la monarquía británica” dice el adagio acuñado por alguien alguna vez. Si se repasa la historia del milenio, siempre hubo monarquía en esas islas, en sus múltiples dinastías. De la casa de Sajonia, a los Tudor, los Estuardo, los Hanover, finalizando con los Coburgo-Gotha alemanes que “anglicizaron” su apellido a Windsor. Incluso Oliverio Cromwell, quien mató el rey Carlos I y proclamó la Republica, llamada Mancomunidad de Inglaterra – 1649-1660-, tuvo más poder que los reyes, se dedicó a perseguir católicos y una vez muerto y restaurada la monarquía su cadáver fue desenterrado de la Abadía de Westminster y su cabeza colgada en la entrada durante 25 años. El trono lo ocuparía Carlos II. Pasarían 362 años para que fuera coronado otro Carlos, en circunstancias menos trágicas.

Testigos por estos días de la pompa, el estricto protocolo, La Fila de centenares de miles de personas que visitaron el ornamentado féretro de la Reina Isabel, los dignatarios internacionales que atendieron las exequias, se podría inferir que la monarquía británica durará otros mil años, quizás ya no sobre el Reino Unido, ni siquiera sobre Gran Bretaña, pero si sobre Inglaterra, su cuna. Sin embargo, los nubarrones acechan.

Fua la Magna Carta de 1215 el comienzo de la perdida de poderes por parte de la Corona lo que quedó finalmente sentenciado en 1701 cuando el parlamento, cerrándole el camino a los católicos, emitió el acta de sucesión, ascendiendo a la Corona a la dinastía Hanover y estableciendo que los monarcas deben profesar la religión protestante. Nacía el monarquismo constitucional, en el que el poder reside en el pueblo representado en la cámara de los comunes. Años después, En 1707 se forja la Gran Bretaña con el Acta de la Unión entre Inglaterra y Escocia al que se uniría Gales y un siglo después nacía el Reino Unido con la integración de Irlanda, que fue la primera en irse en 1921, con la herida abierta del su Norte en posesión aun del Reino.

Para aquellos que aborrecen la monarquía, que la perciben como anacrónica, reliquia de un pasado imperial, racista, machista, el mensaje que deja la muerte de Isabel II es de una sólida institucionalidad, anclada en una monarquía de seres humanos con todos sus defectos, erigidos en los protectores de las libertades, la democracia y la identidad.

La Corona británica sobrevivió al fin del imperio, algo no ocurrido en otras latitudes donde las monarquías sucumbieron. Tras la muerte de Isabel II, la octava mujer en ostentar el trono y la última de la gran trilogía; Isabel I, Victoria, Isabel II, vuelve a sacar su gaznate, el debate sobre si estamos ante el fin de la monarquía. Acechan las fuerzas centrífugas en Escocia e Irlanda del Norte. El fin debe llegar por suicidio asistido, pues una simple ley del parlamento podría acabarla, pero requiere de la sanción real. En mil años hablamos.

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