El Aayún. Desde las ventanillas del avión se divisa el desierto de Sahara y el océano Atlántico que baña estas tierras sin agua. Arribamos desde Casablanca a esta ciudad, El Aaiún o Laayoune, capital de las provincias del sur de Marruecos, una tierra con poca gente, pero con una convulsa historia que se origina con la descolonización del otrora territorio conocido como el Sahara Español. En sus 266 mil kilómetros cuadrados residen unas 500 mil personas. Los españoles llegaron a estas tierras en 1884 atraídos por los ricos bancos pesqueros y en la Conferencia de Berlín en la que Europa se repartió África, el territorio le fue concedido a la Corona.
En 1956 Francia concluyó su protectorado sobre Marruecos, sin embargo, España tardaría otras dos décadas antes de abandonar el territorio del Sahara. Tras la retirada española en 1976, Marruecos y Mauritania, que invadieron el territorio, y el Frente Polisario, movimiento independentista que había surgido durante los últimos años de la dominación ibérica, se enfrentaron por el control del Sahara. Mauritania se retiró, Rabat y el Polisario continuaron en guerra hasta 1991, cuando se firma bajo los auspicios de Naciones Unidas un cese al fuego que incluía el llamado a un referendo.
En el terreno Marruecos controla firmemente el 80 % del Sahara Occidental, incluida toda la zona costera, y la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), cuya independencia fue declarada en 1979 por el Polisario, controla el resto, un terreno completamente desértico y prácticamente despoblado al este y mantiene sus bases en Tinduf, ciudad argelina en la que residen en campamentos miles de refugiados saharauis y otros llegados de los diversos conflictos en el Sahel. En la frontera entre Marruecos y la RASD hay estacionadas fuerzas de Naciones Unidas, MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el referendo en Sahara Occidental). La tregua mal que bien se mantuvo hasta que se rompió hace un par de años, aunque los combates en la frontera delimitada por un gigantesco muro artificial de arena construido por Marruecos son esporádicos y en nada cambian el control sobre el territorio.
La región de Sahara bajo domino de Rabat ha experimentado un acelerado desarrollo en los últimos años, el cual es visible en esta ciudad capital. Una moderna planta de desalinización de agua del mar, que nos serviría en la Guajira, entró en funcionamiento hace tres años, hay centros de capacitación profesional, gran desarrollo de la industria pesquera y de fosfatos, un hospital de última generación que comenzará a operar el próximo año y uno de los centros de investigación científica más importantes de África, ASARI, sobre temas de agricultura sostenible en el desierto. La ciudad exhibe gran desarrollo urbanístico.
Este es uno de los conflictos intratables que dejó la descolonización, pero a la luz de la realidad en el terreno es quizás el que más resuelto está. No es predecible que la RASD recupere territorio, ni que Marruecos realice el referendo, ni mucho menos que el Reino algún día se retire del que considera su territorio histórico.
La RASD tuvo un importante apoyo de la Libia de Gadafi, que ya no está, y ha contado con el permanente apoyo de una Argelia que tiene suficientes problemas internos para enfrascarse en un conflicto con Marruecos, país con el que rompió relaciones en 2020. Actualmente la RASD cuenta con muy limitado reconocimiento internacional y más simbólico que práctico.
Rabat ha ofrecido como alternativa un amplio plan de autonomía para la región y ha acumulado importantes victorias diplomáticas en los últimos años en apoyo a su plan. Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el territorio en 2021, y España, la anterior potencia colonial, manifestó que la autonomía es el única vía “seria, realista y creíble”, uniendo su voz a la de Francia, Alemania, Arabia Saudita y otros países. En la última renovación de mandato de MINURSO por parte del Consejo de Seguridad ni siquiera se hace mención del referendo, otro triunfo diplomático de Marruecos.
Pocos en la comunidad internacional creen que la independencia del Sahara sea viable y la única solución real es la autonomía ofrecida por Marruecos, con posibles cambios producto de una negociación. Sin embargo, hasta ahora el Polisario se ha mantenido en su poco realista postura de independencia, pero con cada día que pasa, el Reino de Marruecos fortalece su dominio y reconocimiento internacional.
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