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El fin del silencio

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Marcos Peckel
07 de septiembre de 2022 - 05:00 a. m.
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Por eras se ha hablado de las mayorías silenciosas, aquella masa de gente que vive su vida, no se pronuncia sobre temas políticos o sociales, la apatía la domina, su zona de confort es que hay muchos iguales a ellos.

Paralelo al silencio de las mayorías, en las últimas décadas, las democracias se han dedicado a promover, defender y garantizar los derechos de las minorías, de las muchas minorías: raciales, étnicas, religiosas, orientación sexual, lingüísticas, nacionales, migrantes, ideológicas y otras. Nacía lo “políticamente correcto” y se pensó que era para quedarse. Sin embargo, en varias instancias los renovados derechos de las minorías terminaron atravesándose con lo que las mayorías sentían como exclusivamente suyo. La zona de confort se movía bajo sus pies, abandonaban el silencio de otrora. Este problema, propio de las democracias, no existe en los regímenes autocráticos en los que las minorías son aplastadas bajo el peso de la tiranía.

En los últimos lustros, la globalización, el libre comercio, las perenes crisis económicas, los avances tecnológicos y las oleadas migratorias, fueron dejando rezagados a amplios sectores de esa mayoría silenciosa que comenzó a sentir que ese nuevo mundo es “injusto” con ellos y que llegó el momento de levantarse y andar como Lázaro. El ensordecedor ruido de esas minorías, bien organizadas y militantes despertó de su letargo a las silenciosas mayorías que, sin estar organizadas, crearon un frente de resistencia a lo que percibían como la “dictadura de las minorías” y que encontraron en líderes populistas, como Trump, Órban y Bolsonaro, sus nuevos mesías.

Los carteles en las universidades de Estados Unidos, con la leyenda “los blancos también tienen derechos”, los que aparecen en las calles de Europa, “cristianos somos y cristianos seremos”, el Brexit, son demostraciones fehacientes del sentido de alienación que se ha propagado en sectores de las mayorías.

El aplastante triunfo del “Rechazo” en el plebiscito constitucional chileno es claramente una muestra del despertar de las mayorías cuando sienten que se les están “metiendo al rancho”, que su estatus peligra, que su misma identidad está siendo “cancelada” por otra que no es la de ellos. Las protestas de feligreses católicos en el aeropuerto El Dorado, tras el cierre o transformación, aun no sabemos, del oratorio se dan en medio de lo que pareciera una contra inquisición contra las confesiones religiosas por parte de sectores minoritarios que desprecian a la religión y sus feligreses, y que se han envalentonado tras la propuesta de Katherine Miranda, legitima en el marco de su labor de congresista, de gravar a las Iglesias.

En sociedades profundamente polarizadas, se hace cada vez más complejo encontrar puntos medios entre los derechos legítimos de las minorías y los de las mayorías, y si se trata de quien tiene más votos, las matemáticas no se equivocan. Si la pita de los derechos de las minorías se jala demasiado, esta se rompe y nadie gana.

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