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El golfo

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Marcos Peckel
18 de marzo de 2026 - 05:05 a. m.
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¿Cuáles son los países del golfo Pérsico, o Arábigo, según quien lo diga, que por estos días son blanco predilecto de los ataques iranies?

Tribus con banderas llamó alguna vez un historiador a estos países que a lo largo del siglo XX, convirtieron en Estados, territorios ancestrales controlados por dinastías tribales centenarias para de esa forma insertarse en el orden mundial.

Kuwait, dinastía Al Sabah; Emiratos Árabes, 6 dinastías; Catar, dinastía Al Thani; Omán, dinastía Qaboos, y Baréin, dinastía Al Kalifa. Todos estos territorios fueron protectorados británicos hasta bien pasada la segunda mitad del siglo pasado. Razón por la cual se puede asumir con alto grado de certeza que no fueron absorbidos por los saudíes —de la casa Ibn Saud—, como sí ocurrió con los hachemitas, expulsados del Reino del Hejaz en 1925. Tras ese episodio nació el Reino de Arabia Saudita, que pasó a controlar los lugares sagrados del islam, La Meca y Medina, lo que le confiere un enorme poder blando (soft power). A los hachemitas, los británicos les regalaron Jordania, donde aún gobiernan e Irak, de donde la dinastía fue derrocada por los militares en 1959.

El islam imperante en estos países del golfo con la excepción de Omán es el wahabismo, legado de un predicador islámico del siglo XVIII que se alió en su momento con la dinastía Saud. Las mujeres de estos países lucen en su gran mayoría la abaya negra, túnica, o el nikab, que cubre la cara dejando apenas una hendija para los ojos. Los hombres visten de túnica blanca con ornamentos de diferentes colores y kufiya.

El petróleo y el gas que abundan en cantidades cósmicas en estos desiertos enriquecieron de manera desorbitada a las dinastías reinantes, lo que permitió a ciudades como Dubái, Abu Dabi, Doha, Muskat y ciudad de Kuwait convertirse en modernas metrópolis rebosadas de autopistas, estrafalarias edificaciones de ladrillo y vidrio, centros comerciales de lujo y concesionarios de Ferrari, Maserati y Rolls Royce. Jeques árabes del golfo se han hecho a gran cantidad de empresas extranjeras y equipos de fútbol. Catar, por su lado, ha invertido ingentes sumas en universidades y centros de pensamiento en Occidente, los cuales ha redundado en apoyo académico a su doctrina política y religiosa, y con el canal de televisión de Al Jazeera ejerce un enorme poder de influencia en las masas y elites árabes.

En Catar y Emiratos solo una minúscula proporción de los habitantes son árabes ciudadanos. El resto, aproximadamente un 80 %, son trabajadores extranjeros estratificados. De Filipinas, Bangladés, Nepal, India y Pakistán, los obreros, domésticas y limpia calles; de Occidente, los directores y gerentes de las grandes empresas, arquitectos y pilotos. El Ejército de los EAU, dotado del más moderno armamento occidental, está conformado en parte importante por mercenarios de diversos países, entre ellos Colombia.

Con el estallido de la guerra lanzada por Israel y Estados Unidos contra Irán, los países del golfo, especialmente Emiratos Árabes, han llevado la peor parte. Sus defensas antiaéreas han sido penetradas por drones y misiles, y la tranquilidad que caracterizaba a estos oasis de paz quedó seriamente averiada. Incluso Catar, el gran aliado de Irán en el golfo, país con el que comparte el mayor campo gasífero del mundo, no se salvó de los ataques persas.

Extraña sobremanera la estrategia de Irán de atacar aliados o países que habían anunciado neutralidad en caso de una guerra. Estrategia que más pereciera un tiro por la culata por parte de los iraníes que una vez más saca a relucir fallas identitarias regionales: persas vs. árabes y sunitas vs. shiitias. Quizás es la estrategia del caos para crear un nuevo orden regional o la de “si yo me hundo, se hunden todos”.

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