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Equilibrismo

Marcos Peckel

06 de abril de 2022 - 12:01 a. m.

En un mundo ideal, no el nuestro, se esperaría que todos los países condenen la agresión rusa a Ucrania, las masacres de civiles, la destrucción indiscriminada de infraestructura y lo que pareciera estarse configurando como crímenes de guerra por parte de las fuerzas invasoras. Sin embargo, no es así, lo que demuestra que las lecciones del pasado, de la Segunda Guerra Mundial, del Holocausto, Ruanda, los Balcanes, Siria y demás, nunca fueron aprendidas, ni siquiera fueron lecciones.

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Gran cantidad de países de todos los continentes hacen sus cálculos, escrudiñan sus intereses, revisan sus balances, antes de pronunciarse de una manera u otra frente a la no provocada guerra que Rusia le impuso a su pequeño vecino. El supuesto mundo de valores y principios que castiga la agresión y respeta la carta de las Naciones Unidas no es sino eso, supuesto.

Podría uno caer en un error de paralaje al ver a Occidente, la OTAN y la mayoría de los países de la Unión Europea, no todos, unidos en su rechazo a la invasión, en la imposición de sanciones y algunos suministrando armas a la resistencia ucraniana. Sin embargo, esa postura está lejos de ser unánime o incluso mayoritaria entre los 193 Estados miembros de la ONU. China, incómoda con la guerra, se ha mantenido fiel al Kremlin, aunque en el Consejo de Seguridad no impuso veto a la primera resolución, vetada por Moscú, condenatoria de la invasión. India, aliado estratégico de Estados Unidos, pero con históricas relaciones con Rusia y su antecesora soviética, no ha condenado la invasión, por el contrario, ha incrementado su ya vasto comercio con Rusia.

Los países africanos, víctimas del colonialismo europeo, en su gran mayoría han evitado criticar a Moscú y en sus pronunciamientos, liderados por Suráfrica, recuerdan la intervención de la OTAN en Libia que contribuyó a la destrucción del país. “Lo que ocurre en Europa no es nuestra guerra”, resume la postura africana.

Por nuestro vecindario, cae por su propio peso el apoyo incondicional a Rusia por parte de Nicaragua, Cuba y Venezuela, así como la postura de Colombia, condenando a Rusia, a la luz de las tumultuosas relaciones entre los dos países. Brasil, Argentina y México hacen equilibrismo retórico, no apoyan las sanciones, aunque los tres apoyaron la resolución de condena en la Asamblea General de la ONU.

Los países del Medio Oriente, incluidos Israel y los países del golfo, aliados tradicionales de Estados Unidos, que han vivido de cerca la intervención de Rusia en Siria, han reaccionado con prudencia, tratando de mantener un equilibrio quizás imposible, para evitar alienar tanto a Rusia como a Estados Unidos.

A pesar de las posturas ambiguas de los Estados, la realidad muestra una alianza occidental fortalecida, una Rusia debilitada, castigada por las sanciones, enredada en una guerra de pronóstico reservado y una Ucrania que ha logrado movilizar apoyo masivo así no sea de los gobiernos, reflejado en el creciente aislamiento de Rusia en todo tipo de eventos, incluido el mundial de fútbol del cual fue expulsada.

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