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Integración, ideología e identidad

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Marcos Peckel
10 de agosto de 2022 - 05:01 a. m.
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Tras 200 años de intentos fallidos vuelve a la agenda el viejo sueño de la integración latinoamericana sustentada en la llegada de la izquierda al poder en los “países grandes”, asumiendo que en Brasil, como indican las encuestas, gana Lula. Sin embargo, la idea de lograr una efectiva integración, referida por el presidente Petro en su discurso de posesión, a partir de afinidad ideológica, es el camino equivocado ya recorrido. Las ruinas del ALBA y Unasur son ejemplo de procesos de integración mal concebidos.

La integración debe sustentarse sobre cimientos sólidos que no dependan de los gobernantes de turno ni sus ideologías políticas, que establezcan objetivos comunes beneficiosos para las sociedades y procedimientos claros y estrictos sobre la gobernanza institucional.

La Unión Europea comenzó como un pacto comercial y aduanero y a través de los años fue desarrollando y ampliando su misión, agregando elementos tales como la libre movilidad, defensa de los derechos humanos y la democracia, respeto a las libertades individuales y la propiedad privada, hasta años después, establecer la zona Schengen y la moneda única, manteniendo cierta flexibilidad para aquellos Estados que decidieran mantenerse al margen. En Europa han convivido gobernantes de izquierda y derecha sin que esto pusiera en peligro la unidad. El pragmatismo sobre la ideología, no sobre todo hay consenso, pero existen mecanismos para manejar las diferencias. Sin embargo, cuando se intentó “jalar la pita” más de la cuenta, creando una constitución única, en la que se afectaban temas identitarios y se limitaba al máximo la soberanía, esta fracasó.

Para que dé fruto la integración latinoamericana tendría que alejarse de las ideologías políticas, del “antimperialismo” y fundamentarse sobre los asuntos esenciales de la agenda continental: desigualdad, cambio climático, energías renovables, educación, retraso tecnológico, economías de valor agregado, infraestructura, lucha contra el crimen y la corrupción e inclusión de sectores históricamente marginados, entre otros.

Uno de los mayores desafíos que enfrenta una real integración lo constituye el conflicto identitario que están padeciendo en su interior varias sociedades latinoamericanas, incluido Colombia. Un continente muy diverso, en que los aborígenes y las comunidades negras que han sido marginadas de la construcción de Nación buscan hoy su lugar bajo el sol. En el caso colombiano, estas están siendo visibilizadas y empoderados por el nuevo gobierno de Gustavo Petro. En Bolivia por otro lado, Evo Morales, buscó excluir a los no aborígenes, cerrando unas cicatrices y abriendo otras.

Será necesario construir una narrativa histórica que incluya a todos, tarea compleja in extremis. Los Estados en América Latina no son producto de una “evolución natural” como en Europa, cuna del Estado-Nación, sino de unos territorios con fronteras administrativas creadas por españoles y portugueses al interior de los cuales, tras la independencia, vino el proceso, aun inconcluso, de construcción de Nación, Estado e identidad.

El camino a una verdadera integración latinoamericana, digno ideal, es culebrero y pasa por lograr la cohesión al interior de sus Estados y sociedades integrantes.

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