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Fue casi una emboscada a los lideres presentes la llegada de Nicolas Maduro a la cumbre a dar catedra de “unidad bolivariana” y de libertad.

Lo bueno muy poco: la “cantada de tabla” de Luis Lacalle, Guillermo Lasso y Mario Abdo a Maduro y Diaz-Canel. Igualmente, el bajo perfil de la representación colombiana en el sainete mariachi y el rechazo de San Carlos a la presencia del mandatario bolivariano. Lo malo y lo feo, rayan entre lo ridículo, jocoso y desconsolador. La cumbre de CELAC recientemente llevada a cabo en México refleja una incontrovertible realidad continental en la que por doscientos años se ha tratado y fracasado una y otra vez en crear mecanismos eficientes de integración latinoamericana.
AMLO que había mantenido un perfil bajo en política exterior finalmente salió del closet con un destemplado discurso llamando a una unidad que no existe, acogiendo con alfombra roja a dictadores que han socavado la democracia en América, repudiando los valores supremos de las sociedades libres y buscando marginar a la OEA a cambio de ese embeleco lulo-chavista llamado CELAC. Tratando de aparecer conciliador y no “injerencista” y declarando que en México “caben todos”, AMLO legitimó lo más funesto de los dictadores latinoamericanos admitiendo que la democracia en América es para algunos, no para todos y que eso no es importante. El disparo en el pie no podía ser más estridente.
Fue casi una emboscada a los lideres presentes la llegada de Nicolas Maduro a la cumbre a dar catedra de “unidad bolivariana” y de libertad. Menos sorprendente la de Diaz-Canel pues Cuba ha demostrado una loable capacidad de mimetizarse en instituciones internacionales como los NOAL, CELAC y otros de esa estirpe.
Sin hacer referencia al atuendo del presidente de Perú en su primer periplo internacional, libre es de vestir como quiera, se requirió de un intérprete para entender lo que quiso decir en su enredado discurso. Hizo eso sí, un trascendental llamado a que la CELAC “solucione el problema mundial del COVID19”. Lo de Argentina, cuyo canciller Felipe Solá fue destituido en pleno vuelo hacia la capital mexicana, no debe sorprender. La disfuncionalidad del sistema político gaucho, desde aquel día que un general llamando Juan Domingo Perón asumió el poder, no tiene coto y cada que puede, asciende un peldaño. Del sombrero de la cumbre salió un conejo que poco había emergido. Un enfrentamiento verbal entre Nicaragua y Argentina, sandinismo vs. peronismo, que llevó al representante nica a lanzar una diatriba contra Buenos Aires digna de Melito.
Son 44 puntos los que contiene la declaración final de la cumbre en los que se trata acerca de lo humano y lo divino y reafirma en su numeral 4 “el proceso histórico de consolidación, preservación y ejercicio pleno de la democracia en nuestra región”. Nada más lejano a eso ocurrió en la sexta cumbre. Nicaragua, Cuba y Venezuela cuyas cárceles esta atiborradas de prisioneros políticos y su democracia sepultada bajo pesadas cargas de retórica trasnochada son una afrenta que ni América ni el mundo han podido enfrentar. Queda esperar que no caigan otros. No será CELAC la que lo evite.
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