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Impactantes las imágenes de miles de desplazados que nos llegan de la frontera entre Colombia y Panamá, lo cual no indica la aparición de un nuevo problema, por el contrario, se trata de una situación que hace años es parte del paisaje, pero que se exacerbó por la magnitud de las cifras.

El Tapón del Darién, esa tupida selva que separa Sur y Centroamérica, ha sido y es a la vez esperanza de llegar al sueño americano y tumba de los que caen en la penosa travesía.
Migrantes en búsqueda de un mejor futuro han existido desde el advenimiento de la civilización. Hambrunas, sequías, desastres naturales, epidemias y calamidades producidas por la mano del hombre han generado desplazamientos masivos desde siempre. Ya en la Biblia se narra la migración de los hebreos de la tierra de Canaán a Egipto huyendo de la sequía y posteriormente librándose de la esclavitud.En la actualidad la trama de los migrantes tiene varios protagonistas: Estados, bandas criminales de todos los pelambres, gobiernos, ONG, organismos internacionales y, por supuesto, los migrantes, víctimas de todos los anteriores. Para los gobiernos, la mejor solución al problema es pasárselo a otro, máxime cuando el final del túnel está en Estados Unidos. “Pasen, sigan por acá, hasta luego”. Digna de encomio entonces la postura del Gobierno colombiano de acoger a los migrantes venezolanos. Contrasta con la desesperada situación de los desplazados siros en el Líbano, Grecia, Jordania o Turquía, de los rohingas en Bangladesh, de los eritreos en Etiopía o de los palestinos confinados hace 70 años en campos de refugiados de la ONU en el Líbano, Cisjordania y Gaza para ser utilizados como propaganda contra Israel.
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La fuente de los desplazados son Estados fallidos, tiranías y países sufriendo conflictos internos. Durante los años de la Guerra Fría, ciudadanos soviéticos o alemanes orientales arriesgaban sus vidas para huir del “paraíso comunista”. Cubanos han abandonado la isla desde que Fidel Castro, “ícono de los progres” llegó al poder. Por décadas los cubanos la tuvieron “fácil”. Se montaban en una balsa artesanal, cruzaban noventa millas y de tocar tierra en Florida eran automáticamente bienvenidos. “Pies secos, pies mojados” se llamaba esa política oficial de Estados Unidos. Muchos no lograron los “pies secos”, se ahogaron en las aguas del Caribe. Haití, primer país independiente de América, fue también el primero en caer en la categoría de Estado fallido del cual su gente siempre ha huido, adonde sea.
¿Quién hubiera pensado en un pasado no tan remoto que Venezuela, uno de los países más ricos del continente, se convertiría en exportador de migrantes? La sociedad venezolana, como otras, fue destrozada por una banda corrompida y desalmada que se hizo al poder y acabó con el sector privado para convertir a la población en esclava del régimen.
Una sociedad que no defiende sus libertades puede fácilmente ser presa de la carroña y después tener que huir. Ahí tenemos a Cuba y Venezuela, grandes exportadores de migrantes. ¿Seguirán otros?
