Hoy al caer el sol los judíos celebran la pascua. El vocablo pascua, otro de esos derivados del griego, significa “pasar” y en el calendario hebreo, en el que se originó, hace referencia a la mayor festividad del calendario judío. En la narrativa cristiana se relaciona la pascua con la pasión, muerte y resurrección de Jesús, pues fue su última cena, de acuerdo con la tradición, la que sostuvo con sus apóstoles para conmemorar la pascua hebrea.
Hace unos 3300 años, tras sufrir cuatro siglos de esclavitud en Egipto, nacía un pueblo, en las faldas y laderas del monte Sinaí, cuya ubicación exacta es motivo de polémica. Un pueblo libre, que recibió la revelación de Dios, los diez mandamientos legados la humanidad toda y la Torá —pentateuco— y se dirigió liderado por Moisés, atravesando el desierto, a su tierra prometida, la tierra de Israel, a la que arribó hacia el año 1270 a. C.
La Pascua celebra la libertad, la creencia en un solo Dios, la epopeya histórica del pueblo judío y las leyes reveladas, elementos esenciales para forjar una convivencia y cohesión de un colectivo humano. La Pascua —Pesaj en hebreo— es la celebración de una identidad que ha perdurado por milenios; es la preservación de la memoria, es el comienzo de una historia que ha sido poco menos que un milagro, de la supervivencia cuando tantos otros desparecieron de la faz de la tierra.
Cada año por esta época, los judíos del mundo conmemoran la pascua a través de símbolos, tradiciones y costumbres. Una cena en familia en la que se hace la lectura cantada de la historia de la liberación de Egipto, durante ocho días se come Matzá, una galleta hecha solo de harina y agua, no se consume pan leudado, ni harinas, con lo cual, en cada comida o merienda, a través de la imposición dietaria, se recuerda que esclavo el pueblo fue y su libertad logró.
Quizás la mayor enseñanza es que cada uno de los miembros del pueblo judío, donde quiera que se encuentre, debe celebrar como si él mismo hubiera sido esclavo y liberado de las cadenas de la opresión de los faraones. Esta es una poderosa tradición que cimenta la memoria, pues al final del día la identidad de los pueblos es más memoria que historia.
Tres mil cuatrocientos años ha estado el pueblo judío sobre la tierra, creando comunidades por doquier, deambulando tras numerosas expulsiones y marginaciones. Una historia de prosperidad y privaciones, de grandes logros y sufrimientos, de creación universal y de postración, siempre manteniendo la identidad incólume e intacta y tras dos mil años del exilio romano desde el año 70 d. C., luego de la pérdida de la tierra prometida y el templo sagrado, el pueblo judío recuperó la independencia en su tierra ancestral con la creación de moderno Estado de Israel.
La celebración de la pascua, año tras año, ha sido esencial para mantener viva la memoria que sirvió para recuperar la tierra, la independencia y la libertad.
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