Nos tocó vivir una época de polarización recargada que no es exclusiva de países pobres o tercermundistas, por el contrario, prósperas e igualitarias sociedades no se están salvando de este pernicioso fenómeno. Quizás en la historia la polarización ha sido la norma y las excepciones, cortos periodos de armonía social, los que eventualmente se rompen.
Diversos son los factores que generan polarización, desde sectores que se sienten marginados de la “prosperidad”, hasta líderes que intencionalmente agitan las usuales diferencias societales para crear un escenario de unos y otros, buenos y malos, pueblo y oligarquía, explotadores y explotados. En palabras de Alexis de Tocqueville: “la polarización da lugar a una lógica amigo-enemigo y a comportamientos caracterizados por la ilegalidad y la violencia”. Este un fenómeno que difiere en espacio y tiempo.
Es en las democracias, por su naturaleza deliberativa y libre, donde se da la polarización, creando un perverso círculo vicioso en el que se acrecienta la desconfianza en las instituciones, lo que a su vez amplía la polarización, hasta que se corre el riesgo de llegar a una ruptura. Esta puede manifestarse a través de violencia, guerra civil o sepultura de la democracia.
La polarización, fenómeno global, se nutre con la precariedad económica, desigualdad, pérdida por parte de las clases medias de su zona de confort, cambio climático, las migraciones, acuerdos de paz, diversidad social y religiosa y el ascenso de las minorías, entre otros. Lo anterior amplificado por las redes sociales que se prestan para difundir noticias, datos, información falsa y manipulada con la estridente caja de resonancia de las burbujas ideológicas.
Líderes polarizadores juegan con el miedo de la gente, convirtiendo al “otro” en enemigo. Todo aquel que se interponga en sus designios, ya sean las cortes, parlamentos o actores de la sociedad civil, son graduados de enemigos, traidores, o “pitiyanquis”. Sin embargo, la polarización no es exclusivamente responsabilidad de líderes, también de fracturas ideológicas perennes alrededor de temas sociales en los que los compromisos son elusivos. El Brexit fue el resultado de años de polarización alrededor de la identidad europea de los británicos, en Estados Unidos el eterno debate sobre el aborto, mientras que en América Latina el enfrentamiento alrededor del sistema económico.
En instancias determinadas, la fortaleza de las instituciones y la cohesión social logran frenar la polarización, cuando se está al borde del abismo. En otras, la polarización se tornó en ruptura, la democracia colapsó dando lugar a un sistema autocrático de dictadores y clientelas. Venezuela es el caso más emblemático de lo que es una sociedad, quizás irremediablemente rota, tras años de fomento activo de la polarización por parte de Chávez y Maduro, al punto que el “pueblo” al que hacen referencia está constituido únicamente por sus áulicos, mientras que el resto de los venezolanos no son “pueblo”.
¿Es posible en la sociedad del siglo XXI mitigar la polarización antes que cause estragos irreversibles? La única respuesta depende, no hay una única receta. Factores como la historia, la resiliencia institucional, el sentido de identidad colectiva, el cerco a los extremistas y algún control sobre las redes sociales ayudarían. Quizás.
📝 Sugerimos:
📌Le puede interesar:
📰 También recomendamos:
👀🌎📄 ¿Ya se enteró de las últimas noticias en el mundo? Invitamos a verlas en El Espectador.