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Sin duda las grandes sensaciones del Mundial han sido la selección de Cabo Verde por sus resultados heroicos en el terreno de juego y la fanaticada noruega que se ha tomado estadios, calles, plazas, estaciones de metro y otros rincones y espacios. Esa imagen de fanáticos con sus camisetas rojas y cruz azul remando coordinadamente, en una embarcación imaginaria, al sonido de un tambor y los gritos “ro, ro, ro”, “¡rema!" en la lengua nórdica, se ha vuelto viral, realmente viral.
El remar honra la epopeya fundacional de una nación de navegantes que se hizo fuerte entre los siglos IX y XI, en cuyas embarcaciones zarpando de las gélidas aguas del mar del Norte, llegaron hasta el Mediterráneo, las costas europeas del Atlántico, el mar báltico y Norteamérica, 500 años antes de que Colón levara anclas en Palos.
Los vikingos cuyo territorio ancestral incluía lo que en la actualidad es Suecia, Noruega y Dinamarca, fueron grandes guerreros, imbuidos en una mitología de dioses y gigantes que desde la creación del mundo enseñaban la valentía, el honor, la lealtad y esa palabreja tan de boga por estos días resiliencia, que, en aquellos pueblos tenía el mayor de los sentidos, por una civilización que sobrevivió y prosperó bajo los climas mas inclementes. Una sociedad donde las mujeres en esa Alta Edad Media gozaban de más derechos que en otros territorios del continente europeo, algunas llegando a ser guerreras y conquistadoras.
El catolicismo llegó a estas tierras en el siglo X asentándose lentamente, sin desplazar a los dioses nórdicos. Sin embargo, el luteranismo tras la reforma protestante que en el siglo XVI arribó a estos lares transformó la sociedad y se convirtió en la religión de Estado. La ética luterana, que privilegiaba el trabajo, la responsabilidad individual, la disciplina, la honestidad, el servicio al prójimo y que no consideraba la riqueza individual como algo deleznable, sirvió de catalizador para el gran desarrollo industrial, comercial y social de estos pueblos. Escandinavia, un sincretismo entre la cultura de los vikingos y la moral protestante luterana, ha dado lugar a sociedades igualitarias, democráticas y altamente desarrolladas, en las que el capitalismo y el Estado de bienestar son totalmente compatibles.
Con la separación definitiva de Noruega de Suecia en 1905 quedaron establecidos los tres reinos escandinavos, Noruega, Suecia y Dinamarca, de lo que, en su momento, especialmente bajo los reyes vikingos, fue uno solo. Culminaba así pacíficamente, un largo proceso histórico de uniones, rivalidades, intrigas, enfrentamientos intestinos y disputas dinásticas.
Noruega administra el mayor fondo soberano del planeta, producto de la explotación del petróleo y gas del mar del Norte comenzada en la segunda mitad del siglo XX. Siendo el país líder en protección ambiental, privilegia primero el bienestar de sus habitantes en vez de la retórica populista de “descarbonizar la economía”, que por acá ningún beneficio nos trajo. Hay que recordar que Alfred Nobel, el de los famosos premios, hizo su fortuna explotando petróleo en el mar Caspio.
En las últimas décadas, Noruega se ha posicionado como mediador en conflictos armados con resultados más bien mixtos. Desde el Medio Oriente, hasta Nepal, Filipinas, África y nuestro país, negociadores noruegos lo han intentado, pero las dinámicas de esos conflictos son testarudas y sobrepasan la buena intención y métodos de los descendientes de esa cultura guerrera y conquistadora.
No sabemos hasta donde llegará el “Ro Ro Ro” en este mundial. El siguiente rival de Noruega es Inglaterra, el gran oponente y víctima de los vikingos, que sucumbió al poder de estos temibles conquistadores nórdicos por casi 200 años.
¿Ocurrirá lo mismo este sábado en el estadio de Miami?
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