La invasión de Rusia a Ucrania ha producido convulsiones recargadas en variados escenarios, sorpresivas algunas, no tanto otras.
Clausewitz recargado. Por años la diplomacia rusa ha manifestado su preocupación por la expansión de la OTAN a sus fronteras y la incorporación a la alianza de su otrora patio trasero, incluyendo exrepúblicas soviéticas. Sin embargo, y de manera inesperada, Rusia comenzó su invasión a Ucrania, quizás emulando al general prusiano Carl von Clausewitz, quien en el siglo XIX manifestaba que “la guerra es la continuación de la diplomacia por otros medios”. Contrario al germano, a Putin le puede salir el tiro por la culata, pues siglo XIX no es Siglo XXI.
Identidad recargada. Putin niega la existencia de la nación ucraniana. Partiendo de una acomodada interpretación del Kievan Rus del siglo noveno e influenciado quizás por el filósofo Alexander Dugin, promotor de la concepción de Rusia como una gran civilización con un destino manifiesto. Por su lado, los ucranianos luchan por su identidad nacional, su independencia, su libertad y su Estado. Choque de identidades.
Occidente recargado. La respuesta de occidente, la OTAN y la Unión Europea ha sido contundente y quizás sorpresiva. Pero nada estimula más que el instinto de supervivencia y los pasos de oso grande se sintieron. Europa entendió que su “pax auropeana” era apenas una ilusión y se está acomodando a las nuevas circunstancias. Los cambios en política exterior de varios países europeos y él envió de moderno armamento a Ucrania tras el comienzo de la guerra, muestran un Occidente luchando por sus valores, principios y supervivencia.
Cartago recargado. Fue tras la última guerra púnica cuando Roma decidió aniquilar a Cartago de una vez por todas, con la estrategia de “terra adusta”, tierra arrasada. Putin no es ajeno a esa estrategia pues la uso, con éxito quizás, en Grozni y en Alepo. Entre más resistan los ucranianos, más se intensificarán los ataques indiscriminados rusos a la población civil y la infraestructura ucranianas.
Diplomacia alternativa recargada. Acostumbrados a que en los conflictos medien las grandes potencias, la ONU o Noruega, en esta guerra han aparecido jugadores alternativos, principalmente Israel y Turquía, con acceso, intereses e influencia con ambos contendientes. Quizás no puedan parar la guerra, quizás nadie pueda, pero los viajes, reuniones y conferencias telefónicas que han mantenido Bennet y Erdogan con Putin y Zelensky son un novedoso agregado al terreno de la diplomacia. Ante el real peligro de una escalada, hay que aprovechar cualquier rendija diplomática que se presente para detener la guerra.
Sociedad civil recargada. A las sanciones que Estados han impuesto a Rusia, se agregan las que han aplicado empresas, organismos deportivos, artistas y gente del común a todo lo ruso. Rusia está más aislada que nunca.
Noticias falsas recargadas. Las restricciones de Putin a la información para que los ciudadanos rusos tengan acceso únicamente a lo que les cuenta el Kremlin, recrean el nunca perecedero “1984″ de Orwell, mientras que en las redes vuelan las noticias falsas, descontextualizadas y amañadas.
Yerro recargado. Aunque solo Putin sabe por qué invadió a Ucrania y cuál es su próximo movimiento, no hay duda de que al final de día esta guerra probara ser un error colosal, una falla de cálculo, con consecuencias incluso para el mismo. Incertidumbre recargada.