En su mensaje al rey Mohamed VI de Marruecos con ocasión del aniversario de su ascenso al trono, el presidente Donald Trump reiteró el reconocimiento de Washington a la soberanía marroquí sobre el territorio del Sahara Occidental e indicó que el plan de autonomía propuesto por Rabat es el único “serio, creíble y realista” para resolver la cuestión de una vez por todas. El reconocimiento de Estados Unidos se dio en el marco de los acuerdos de Abraham durante la primera administración Trump, tras lo cual Marruecos estableció relaciones diplomáticas plenas con Israel.
Este es uno de los conflictos intratables que dejó la descolonización del continente africano cuyo territorio fue “canibalizado” entre las potencias europeas en la conferencia de Belin, 1884-1886. En 1956 Francia concluyó su protectorado sobre Marruecos, sin embargo, España tardaría otras dos décadas antes de abandonar el territorio del Sahara. Tras la retirada española en 1976, Marruecos y el Frente Polisario se enfrentaron en un conflicto armado hasta 1991 cuando se logró un cese al fuego bajo los auspicios de Naciones Unidas, el cual sigue vigente con altibajos, hasta el día de hoy.
En el terreno, Marruecos controla firmemente el 80 % del Sahara Occidental, incluida toda la zona costera, y la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), cuya independencia fue declarada en 1979 por el Polisario, controla el resto, un terreno desértico y prácticamente despoblado al este de la berma de separación construida por Marruecos. La RASD y el Polisario operan desde Tinduf, ciudad argelina en las que residen miles de refugiados saharauis y otros llegados de los diversos conflictos en el Sahel.
En su momento la RASD gozó del reconocimiento de unos 80 países, sin embargo decenas lo han suspendido. Actualmente la RASD cuenta con muy limitado reconocimiento internacional, más simbólico que práctico.
En los últimos años, Marruecos ha obtenido significativos logros diplomáticos en torno a su propuesta de autonomía incluyendo de las antiguas potencias coloniales, Francia y España, además de un creciente número de países europeos. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en su última resolución sobre el tema, la 2797 adoptada el 31 de octubre de 2025, respalda el plan de autonomía de Marruecos como el más viable para solucionar el diferendo. China y Rusia no reconocen a la RASD, mantienen una postura imparcial, aunque en los últimos años se han acercado a Rabat, lo cual se refleja en el voto favorable de China y el no veto de Rusia a la resolución 2797.
La región del Sahara Occidental bajo administración marroquí ha experimentado un significativo desarrollo consolidando una realidad sobre el terreno cuya reversión resulta, en términos prácticos, políticos y diplomáticos altamente improbable.
El tema de Marruecos y el Sahara seguramente aterrizará por estos lares en la política exterior de la nueva administración de Abelardo de la Espriella. Colombia había reconocido a la RASD en 1985 en la administración de Belisario Betancur previo ingreso a los NOAL. Años después dicha relación sería congelada por la administración de Andrés Pastrana. El 11 de agosto de 2022, el presidente Petro restauró las relaciones con la RASD y en abril del presente año recibió cartas credenciales de su embajador en Colombia.
La única razón para el cambio de la postura colombiana es la identificación ideológica y personal de Petro con el Frente Polisario, que viene desde sus días del M19. Reconocer a la RASD no le trajo ningún beneficio a Colombia, por el contrario, perjudicó los entonces crecientes vínculos con Marruecos. Otra de las nocivas acciones de la política exterior ideológica del gobierno saliente en detrimento de los intereses nacionales.
¿Habrá otro viraje en nuestra política exterior respecto de este conflicto, este si favorable a Colombia?
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