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Al aprender una lengua, los nombres de los colores están entre los primeros conocimientos que adquirimos. Sin embargo, por lo menos en español, sus usos todavía pueden abrirnos algunos interrogantes. Uno de ellos es el plural de los adjetivos de color: ¿por qué «rosas rojas» suena bien, y «camisas lila», en singular, también?
Al respecto, la Nueva gramática de la lengua española explica que, en general, el sustantivo («rosas») y el adjetivo («rojas») concuerdan en género y número. Sin embargo, cuando el color designa primariamente a un objeto —como una flor, un fruto o un mineral («violeta», «naranja», «turquesa», «vino tinto» o incluso «vinotinto»)—, se puede mantener el singular («camisas lila»). Es decir, es posible que haya concordancia de número («ojos cafés») o no («ojos café»). Aunque ambas opciones son válidas en los casos mencionados, con seguridad habrá preferencias personales. Como siempre, creo que la mejor recomendación es la consistencia, sobre todo si se trata de un texto: si se inclina por el singular, siempre en singular.
Al hablar de matices hay que tener en cuenta otra anotación: cuando el color se modifica con un adjetivo como «claro» u «oscuro» («gris oscuro»), o con un sustantivo (como en «gris perla»), es mayoritario y preferible, por cuestiones de sintaxis, según la Nueva gramática, mantenerlo invariable. Pone como ejemplo «hojas verde oscuro».
