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A raíz de la captura de Nicolás Maduro en Caracas, he leído y escuchado el verbo «abducir» en torno a la noticia: «Estados Unidos abdujo a Nicolás Maduro». El caso da para discusión.
Es claro que, cuando se ha empleado en este contexto, se ha hecho como equivalente de «secuestrar». Yo misma lo utilicé alguna vez en un artículo hace algunos años. Tras las críticas, encontré posibles razones para ese uso, pero también algo sobre su etimología. Lo primero se explica, en parte, por un calco del inglés, lengua en la que «to abduct» efectivamente significa ‘secuestrar’. Pero quizá, además, se explica a partir de lo segundo: el verbo proviene del latín «abducĕre»: ‘arrebatar’, ‘apartar’. Actualmente, el Diccionario de la lengua española lo registra, en la primera acepción, como «Alejar un miembro o una región del cuerpo del plano medio que divide imaginariamente el organismo en dos partes simétricas». Tiene relación con el adjetivo «abductor», utilizado en anatomía, por ejemplo. También encontramos, en la tercera acepción, «Dicho de una persona o de una creación humana: Suscitar en alguien una poderosa atracción». La segunda es quizá la más utilizada: «Dicho de una supuesta criatura extraterrestre: Apoderarse de alguien». Y aunque la Fundéu ha sido enfática en que «abducir» y «secuestrar» no son lo mismo, sí los encontramos como sinónimos en el diccionario citado. Como señala la investigadora Kenia Martín Padilla, si bien el verbo «se perdió en el paso del latín al español, se actualizó también en consonancia con los cultismos latinos “abductor” y “abducción”, documentados a partir del siglo XIX». Fue en la mitad del siglo pasado, probablemente por el influjo de la ciencia ficción, que el verbo empezó a relacionarse con los seres extraterrestres.
En definitiva, pese a la afinidad, «abducir» no es lo más adecuado, al menos en español, para hablar de un secuestro de forma general.
