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La semana pasada, en un noticiero, hablaban de las «habilidades motoras» de los niños. ¿«Motoras» o «motrices»? Lo cierto es que ambas opciones son válidas y están registradas en el Diccionario de la lengua española. Más compleja aún es la cuestión del femenino y el masculino. Si bien las formas mencionadas son equivalentes entre sí, no lo son con el masculino «motor»; lo mismo ocurre con sus derivados. Sin embargo, expresiones como «mecánico automotriz» o «sector automotriz» están profundamente asentadas en Latinoamérica. El Diccionario panhispánico de dudas lo pone así: «Con cierta frecuencia, especialmente en ámbitos relacionados con la motricidad y la industria del automóvil, “motriz” se combina también con sustantivos masculinos, como si se tratase de un adjetivo de una sola terminación». Aunque no tacha esto como incorrecto o inadmisible, sí anota que «en el habla culta sigue siendo mayoritario y, por tanto, preferible respetar el uso etimológico y combinar los sustantivos masculinos solo con la forma “motor”». Por lo mismo, desaconseja «el uso de los femeninos en “-triz” referidos a sustantivos masculinos». En conclusión, las formas «mecánico automotor», «sector automotor», entre otras, serían las más adecuadas, si bien el uso se ha impuesto en otra vía.
Cierro con una breve mención a las claves de redacción sobre Groenlandia publicadas la semana pasada por la Fundéu: al recordarnos que los cargos van en minúscula, nos muestran también que la abreviación gráfica del nombre del vicepresidente de Estados Unidos es una abreviatura y no una sigla: «J. D. Vance» (con punto tras cada inicial y espacio entre ellas) y no «JD Vance», como suelen escribirlo los medios de comunicación.
