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La semana pasada llovieron reacciones por una supuesta decisión de la Real Academia Española (RAE): el regreso de la tilde diacrítica en el adverbio «solo». Algunas personas estallaron en júbilo al pensar que les habían «devuelto» el signo que creyeron arrebatado en la actualización de la Ortografía de la lengua española de 2010. Otras personas recordaron lo que la propia RAE dijo horas después en redes sociales: que nada había cambiado.
En la publicación de 2010, la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), que es la responsable de la obra, señala que «solo» (tanto el adverbio como el adjetivo) y un grupo de demostrativos que funcionan como pronombres y como determinantes («este», «ese» y «aquel», así como sus femeninos y plurales), según las normas generales de acentuación, no se tildan. Dijo también que a partir de ese momento se «podría» prescindir de la tilde incluso en casos de ambigüedad. Así lo determinó básicamente porque en ninguno de esos casos se oponen formas tónicas y átonas, lo cual es un requisito para la tilde diacrítica (entre «a mí me gusta» y «para mi gusto» sí hay una diferencia en la carga tónica, por ejemplo). En otras palabras: tanto «solo» (adverbio) como «solo» (adjetivo) se pronuncian igual. Además, en la mayoría de los casos, la ambigüedad se puede resolver replanteando la redacción o utilizando sinónimos como «solamente», si hablamos del adverbio. Sin olvidar que, como anota la OLE, en español hay muchos otros homónimos tónicos que no se distinguen con tilde diacrítica: «Él trabaja seguro» (¿trabaja exento de peligro o sin duda trabajará?).
mmedina@elespectador.com, @alejandra_mdn
