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El nombramiento de la nueva comandante (¿o «comandanta»?) de la Policía Metropolitana de Bogotá volvió a traer la duda de si la palabra «generala» es correcta. Aunque en el pasado ha sido tema de esta columna (que a partir de hoy tomará una pausa por vacaciones), no sobra recordarlo.
Para empezar, es preciso decir que varios sustantivos que terminan en «l» o «z» suelen ser comunes en cuanto al género (es decir, solo cambia el artículo), como sucede en «el/la corresponsal», pero otros también tienen desdoblamiento de género: «el concejal» y «la concejala», o incluso «el aprendiz» y «la aprendiza» (esta última es una forma documentada en el Diccionario de la lengua española). Igualmente pasa con otras terminaciones, como en «el jefe» y «la jefa», forma en femenino que es incluso considerada preferible.
Por otro lado, según la Nueva gramática, los grados militares son invariables: «el/la sargento». No obstante, las formas en femenino «coronela» y «generala» han sido documentadas (y no como «mujer del general» o «mujer del comandante», que es como todavía aparecen en el DLE) y no son consideradas incorrectas.
Una vez más: a medida que las mujeres han llegado a ocupar nuevos lugares en la esfera pública, han surgido nuevas palabras, que antes no se necesitaban. El proceso es largo y probablemente chocante, pero muchas veces inevitable. Incluso, formas que pueden parecer disparatadas, como «la soldada» (que, de hecho, escuché la semana pasada en la radio), no son consideradas «normales», pero son, como la propia RAE lo dice, morfológicamente válidas. Así, esa palabra no solo ha sido registrada, sino que, como muchas otras, es susceptible de asentarse.
