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El final de la la columna pasada hablaba sobre «versus», una palabra que viene del latín y que ha sido adoptada como preposición en nuestro léxico. Por esa razón, dentro de un texto, se escribe en letra redonda, sin cursiva ni comillas. De la misma forma, «ego», «lapsus», «alias», «per cápita» o «percápita», entre muchas otras, se han incorporado al español.
Sin embargo, hay expresiones en latín que, en nuestra lengua, se mantienen como extranjerismos. Puede ser útil recordar las recomendaciones para escribirlas, pero también hacer algunas aclaraciones sobre su correcto uso.
Por ejemplo, en el habla cotidiana, es común decir «a grosso modo» cuando se habla de algo «a grandes rasgos». En realidad, en la locución latina, sobra la preposición «a». Lo correcto sería: «El problema, grosso modo, es de plata».
Algo similar sucede con la locución adverbial (que modifica el verbo) «ipso facto», que significa «de inmediato». Es usual agregarle una «de», lo que no es adecuado. Podríamos decir: «Tráeme la agenda ipso facto».
En cuanto a recomendaciones, como nos ha recordado con insistencia la Fundéu, las locuciones latinas que no se han adaptado al español deberían ir marcadas como cualquier otro extranjerismo, es decir, en cursiva o entre comillas (cuando la cursiva no sea posible). Tampoco se acentúan. Un ejemplo reciente en los medios de comunicación, a propósito del encuentro de la Alianza del Pacífico en Cartagena, es «pro tempore», sin tilde, pese a que «tempore» se pronuncia como palabra esdrújula (con el acento en la antepenúltima sílaba). Entre los más comunes también están «ad hoc», «alter ego», «a priori» o «a posteriori». ¿Cuáles usan en su cotidianidad?
mmedina@elespectador.com, @alejandra_mdn
