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El significado de algunas palabras se considera extremo (como el de «perfecto»), por lo que no admiten un grado superlativo («muy perfecto» no sería adecuado, por ejemplo, pues «perfecto» ya es el extremo). Con eso en mente, podría sorprender que la propia academia española de la lengua no considere «censurable» una construcción como «totalmente gratis», pues «gratis» implica que «no tiene costo» (¿cómo podría ser algo «parcialmente gratis»?).
Sin embargo, hay que tener presente que en las formas de hablar o escribir también importa la expresividad. El adverbio «totalmente» puede añadir expresividad (por ejemplo, en una publicidad), por lo que la redundancia en ese caso es vista como «normal» en el uso que se le da a la lengua, según la RAE. Es decir, si aporta expresividad, la redundancia no es del todo considerada innecesaria. Además, la Gramática también explica que, en ocasiones, adverbios como el del ejemplo no tienen un carácter de grado, sino de énfasis (como en «absolutamente increíble»). Eso sí: una redundancia no deja de ser un uso excesivo de algo, por lo que creo que lo más recomendable es evitarla, por lo menos en contextos formales.
Sobre el ejemplo de «perfecto», se podría decir, además, que una frase como «demasiado perfecto» no solo sería admisible, sino que tendría un sentido distinto: ser «perfecto» en un sentido excesivo, quizá empalagoso, por la acepción negativa de «demasiado» (distinta de la equivalencia con «muy» o «mucho» que se ha registrado en América Latina, a lo que me referí en una columna anterior).
