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Puede haber muchas razones para defender el uso del español. Hoy quiero referirme a una, quizás la principal: la necesidad de entendernos mutuamente. Aunque suene redundante, creo que entre hispanohablantes lo más fácil y efectivo es comunicarse en español.
En redes sociales y campos como la comunicación social, la publicidad o las industrias digitales, entre otros, es habitual el uso de voces extranjeras, sobre todo inglesas: gaslighting, ghosting, quote, full stack, por mencionar algunas.
Podría decirse, por un lado, que la riqueza del español permite, casi siempre, encontrar alternativas en esta lengua. Reconozco, sin embargo, que sería necio luchar contracorriente si entre colegas o contemporáneos se entienden mejor con esos términos. Además, el uso extendido de los vocablos es determinante para su inclusión en los diccionarios. Esto ha sucedido con «chat» o «blog», del inglés, y más recientemente con «emoji» (sin embargo, creo que la mayoría dice «emoyi»), del japonés.
Un poco en línea con lo anterior, habría que admitir que ciertos equivalentes en nuestra lengua perdieron o están perdiendo la batalla. Por ejemplo, no imagino la difusión de «gastroneta» (recomendación de la Fundéu) por encima de food truck o «destripe» en vez de spoiler. No obstante, parece cada vez más probable que esta palabra entrará a los diccionarios como «espóiler», como lo hicieron, siguiendo las normas de ortografía, «bluyín» (¿alguien lo escribe así?) o «trol» (con una sola ele).
Si el objetivo es que nos entiendan fácilmente, que la comunicación sea rápida o sencilla, lo mejor sería leer los contextos y pensar en los interlocutores, sobre todo si no los conocemos. Sin mencionar que expresarse en español, en muchas ocasiones, es más económico (algo relevante en Twitter y otros espacios): «plazo» es más corto que deadline, por ejemplo.
mmedina@elespectador.com, @alejandra_mdn
