8 Mar 2021 - 3:00 a. m.

Lenguaje no sexista: algunas consideraciones (2.ª parte)

Me alegra que la segunda entrega de esta serie sobre lenguaje no sexista coincida con la conmemoración de hoy, Día Internacional de la Mujer.

(Oprime aquí para ver la primera parte)

Algo que se dice con frecuencia en la discusión que nos ocupa es que el machismo no está en la lengua, sino en quienes la usan y en cómo se usa. Eso, desde cierto punto de vista, es verdad. Sin embargo, también lo es el hecho de que la lengua se transforma con la sociedad. Así ha ocurrido, por ejemplo, a raíz de la creciente participación de las mujeres en la esfera pública, el sistema laboral, entre otros espacios, algo a lo que me referí con mayor profundidad en una columna pasada. Si bien las desigualdades no se acaban automáticamente por hablar de una u otra forma, los cambios en nuestras expresiones y una sociedad más igualitaria van de la mano.

Otro punto que se menciona es que la lengua no se decreta, pero esto —creo— aplica para todas las partes: así como seguramente en la cotidianidad no se adoptaría el lenguaje inclusivo por mandato de una autoridad, tampoco podemos obligar a que toda la población se sienta (o se siga sintiendo) cómoda o representada por el masculino genérico, por ejemplo. Esa ha sido la norma —sí—, pero la norma admite reflexión y también puede cambiar.

Por el momento, el uso de alternativas de lenguaje no sexista se ha difundido o empezado a difundir en ciertos espacios y comunidades (¿por qué irrespetar eso?), incluso más en unos países que en otros. Desde el punto de vista práctico y gramatical, varias de las propuestas tienen retos, incluso problemas. Es el siguiente asunto por explorar. También será preciso hablar de las soluciones que podemos encontrar con herramientas actuales del léxico y la gramática. Espóiler: ninguna solución es perfecta.

mmedina@elespectador.com, @alejandra_mdn

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