Le queda a uno la duda de la consciencia de los líderes sobre el poder de sus palabras. Las usan con descuido, con las vísceras más que con la cabeza bien puesta y la mirada en el horizonte.
Se ha vuelto costumbre soltar afirmaciones, discursos, reparos, señalamientos con una ligereza verbal que subestima a quien más oye, las interpreta y las convierte en sentimiento. Pronunciarse desde la función pública significa un compromiso de quien ostenta la representación institucional. Qué prepotencia y arrogancia de quienes creen que su parecer y su estado de ánimo nos deben involucrar a todos, y sucumben ante su ego dejando regadas sus...
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