Me encontré con un lector de esta columna que me preguntó por qué no había vuelto a aparecer y, ante la sorpresa y agradecimiento que supone que alguien lo lea a uno, su pregunta, la misma que yo me hice por varios meses, me obligó a encontrar una respuesta.
Dejé de escribir unos meses, no porque no tuviera nada que decir, sino porque necesitaba preguntarme qué valía la pena decir. Observar, escuchar, procesar lo que pasa sin la obligación de convertir cada acontecimiento en una opinión es posible. El silencio no significa ausencia, ni anuencia, ni renuncia, ni rebelión; a veces significa espera.
Y hay muchísimo de qué hablar y de qué escribir. El panorama del país no puede ser más provocador para la tertulia. La ansiedad sumada a la expectativa de un nuevo gobierno y sus maneras; sus procederes, sus énfasis, sus frases, la reacción que van teniendo sus acciones y sus declaraciones. Pero, justamente porque estamos en la mezcla de la realidad entre lo glorioso y lo doloroso, es que el silencio, el mío, por lo menos, puede romperse más con preguntas que con afirmaciones:
¿Qué país salió de las urnas? No solamente quién ganó. No solamente quién perdió. Eso ya lo sabemos. La pregunta es qué quiso decir el voto de millones de colombianos.
¿Fue un voto de castigo? ¿Un voto de miedo? ¿Un voto de esperanza? ¿Un voto contra el gobierno anterior? ¿Un voto por la seguridad? ¿Votaron por la riqueza? ¿Por la pobreza? ¿Un voto por el fin de cualquier asomo de la paz? ¿Votamos sin opciones? ¿Votamos con las tripas? ¿Votamos con la cabeza?
¿Qué significa la Democracia? ¿Qué significan las victorias militares? ¿Qué intereses nos animan? ¿Los animan? ¿Qué guerra estamos librando? ¿Qué lugar tienen los derechos? ¿Vamos a informar con libertad?
No solamente nos sirve preguntar qué nos está pasando en el Gobierno, en la oposición, en el Congreso, los gremios, en las Fuerzas Militares, sino ¿qué nos está pasando a nosotros como colombianos?
¿Estamos siendo parte de un libreto auténtico? ¿O uno copiado casi como fórmula matemática o algorítmica? ¿O de uno impuesto por quienes saben cosas que nosotros no? ¿Y qué implicaciones tiene para unos, para otros, para todos?
¿Cuál es la pregunta que usted tiene hoy?
Las preguntas detonan conversaciones entre humanos y evita la manipulación de las que nos imponen los titiriteros de las máquinas. Anímese a preguntar, es bueno para la salud. Ya habrá tiempo para las respuestas.