Mañana es la cita. A las 11 de la mañana, Gustavo Petro Urrego, presidente de Colombia, a sus 65 años, entrará a la Casa Blanca, sede del gobierno de Estados Unidos, a verse por primera vez con Donald J. Trump, el presidente número 47 de la primera potencia occidental, quien ya casi tendrá 80 años. En este caso la edad importa. Cuando todo en el
mundo ya ha cambiado, ellos, que son de generaciones que vivieron todo en el pasado, insisten en ser quienes cambien todo para el futuro.
Los dos líderes, cada uno en su dimensión, convencidos de que es la única oportunidad que les queda para realizar gestas heroicas, pusieron patas arriba sus propios mundos. El legado le importa tanto a Petro como a Trump. Ellos en lo que están es en hacer historia.
Petro, al autodefinirse como el hombre que encarna el sueño de América Latina con sus delirios –parodiando a Carlos Granés–, las revoluciones, y las batallas de
conquistadores y esclavos en un continente pobre que busca permanentemente su identidad, y Trump, como representante del imperio, ejemplo aspiracional del millonario americano que, con trajes y corbatas al ritmo de Wall Street, llegó por segunda vez al poder, para que Estados Unidos sea grande, más grande, ¡más grande! y a quererlo todo, a arrasarlo todo.
Es la primera vez que se ven cara a cara. Su contacto más cercano ha sido oírse la voz en una llamada que les sirvió a los dos como un comodín para desubicar a sus amigos y a sus enemigos. Y de esa coincidencia surgió este encuentro.
La manipulación previa de Trump a Petro es la narrativa con la que se viste esta reunión y el telón de fondo es la extracción de Maduro en Venezuela. El país vecino, gobernado por comunistas y narcotraficantes; descertificado porque está lleno de coca, un mandatario sin visa, y él y su familia metidos en la lista de los parias. Así que eso de que es una cita “tú a tú” no es cierto. Nada de eso. En otros momentos, ir desde esta Colombia a The White House era motivo de hinchazón de pecho, pero en esta ocasión es un paso que el presidente de esta Colombia debe dar. Va obligado. Le toca, no tiene chance. No es asunto de diplomacia ni de cordialidades. Solo intercambios de intereses desiguales. A Petro le quedan siete meses como presidente, ya de salida, se preocupa por él y su familia; y a Trump le quedan tres años y podrá maniobrar con quien llegue a la Casa de Nariño, (que, espera, sea de sus amigos).
Hoy viernes que escribo esta columna no encuentro ninguna mención de la reunión en la prensa de Estados Unidos. Los titulares son las detenciones a periodistas que cubren las protestas, y el creciente descontento de los ciudadanos gringos por los abusos de su presidente. Así las cosas, con esta reunión solo gana Trump, no le cuesta nada chulear en su agenda una pulga que lo incomoda, y se distrae un rato, de 11 a.m. a 1 p.m., de la tormenta que tiene y que va creciendo en su patio cercano, llamado Minneapolis.