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María Alejandra Villamizar
22 de mayo de 2023 - 02:05 a. m.
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La mejor decisión que se podría tomar para definir prioridades en el liderazgo nacional sería hacer una gran encuesta que midiera la emoción principal que hoy albergan los colombianos. Luego, tomarse muy en serio los resultados para focalizar lo que requiere una atención inmediata y unas acciones concretas que aporten a la cohesión de este país. En Colombia los problemas no se resuelven, se guardan o se reclasifican como características anecdóticas del realismo mágico, se insertan en el humor popular y se naturalizan, luego nos definen y así sucesivamente. ¡Qué gracioso es ser colombiano!

Pero Colombia no es graciosa. Es una nación trágica, egoísta, cruel, distraída, sin foco, que pierde el norte con cualquier chasquido de dedos y vive encantada mirándose el ombligo. Por eso cuando nos llegan momentos para sacudirnos, como el actual, hacer la evaluación emocional y planear las acciones es fundamental para no quedar atrapados y paralizados en las más primarias de las reacciones. El momento exige ir más allá de alaridos, chistes, quejas degradantes y descalificaciones infantiles fáciles de encontrar en el debate público en voz de ciertos sujetos con algún liderazgo que no hacen el esfuerzo por aportar algo que implique una composición de contenido, modo y lugar.

“Las emociones son experiencias relativamente breves y conscientes caracterizadas por una intensa actividad mental y un alto grado de placer o displacer”. Esta definición de un sitio especializado en inteligencia emocional da luces para la demanda de trabajo emocional requerido ahora, antes de que sea demasiado tarde y echemos por la borda meses y años valiosos para continuar formándonos como sociedad.

Las emociones son positivas o negativas, sirven de motivación y estímulo a la acción o traen la parálisis y el retroceso. En un primer listado nada técnico de la invocada e hipotética encuesta, hoy los colombianos expresarán algunas básicas de ambas categorías: felicidad, sorpresa, tristeza, miedo, ira, asco...

Gustavo Petro es hoy en buena parte el termómetro de esas emociones, pues, al ser el presidente, su voz nos aleja o nos acerca a determinadas emociones porque su participación incesante en la conversación social trasciende de lo personal a lo institucional y, por tanto, a lo ciudadano. Tener el altavoz encendido 24/7 impone al líder una enorme tarea y no es poca la inversión de su valioso tiempo. La conducción de la nación hacia la convivencia y el desarrollo se ha de volver una tortura si nos sometemos a una montaña rusa emocional que nos confunda en ese propósito.

Pero no por su decidida participación en las redes sociales deja de ser el presidente de la República. Y quizá exagere la característica de su libertad individual y su condición inequívoca de rebelde, pero es a quien hoy confiamos el gobierno y su gestión.

Amar a Petro no lo va a convertir en un buen presidente y odiarlo no lo va a condenar a ser un mal presidente. Las emociones, como ya vimos, son experiencias breves, temporales, que pueden adaptarse y cambiar. Amar u odiar a Petro no nos soluciona nada a corto ni a largo plazo. Hay que exigir eficiencia, no simpatía.

Colombia no puede cruzarse de brazos para confirmar con uno u otro sesgo emocional, en un momento que a todas luces tiene un tremendo significado en nuestra historia política. ¿El Congreso y los partidos van a supeditar el apoyo o rechazo de las reformas a las pataletas de un expresidente? Estudien los temas y hagan el trabajo en representación de sus votantes.

El país no se puede embolatar en un estado anímico que paralice la ruta, tiene que seguir: las inversiones deben continuar; los proyectos de futuro no pueden aplazarse; los niños y jóvenes tendrán que seguir estudiando; los trabajadores, trabajando; las industrias deben crecer; los medios, informar, y el gobierno, gobernar. Ya son nueve meses de adaptación al “cambio”. Seguir adelante y nada de nervios.

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Fredy(2758)24 de mayo de 2023 - 01:57 a. m.
Uribe a la Corte Penal Internacional de la Haya por crímenes de lesa humanidad, ya! (6.402 Falsos Positivos comprobados y cientos de masacres de inocentes colombianos)
Flor(3922)23 de mayo de 2023 - 10:33 p. m.
Buen artículo y buenas sugerencias para una catarsis de las infinitas violencias que vamos normalizando. Terminamos por concluir que el sufrimiento y la muerte, siempre serán de "los otros". Un Horror.
Fredy(2758)23 de mayo de 2023 - 10:11 p. m.
El país no se puede embolatar en un estado anímico que paralice la ruta, tiene que seguir: las inversiones deben continuar; los proyectos de futuro no pueden aplazarse; los niños y jóvenes tendrán que seguir estudiando; los trabajadores, trabajando; las industrias deben crecer; los medios, informar, y el gobierno, gobernar. Ya son nueve meses de adaptación al “cambio”. Seguir adelante y nada de nervios. Que viva Petro, que viva Francia Márquez, que viva el Pacto Histórico, carajo!!
VICTOR(71907)23 de mayo de 2023 - 08:09 p. m.
Más que las emisiones que sienten los colombianos; es más importante conocer cuáles son las principales preocupaciones que afectan a los colombianos.
Juan(73105)23 de mayo de 2023 - 05:36 p. m.
excelente articulo,nos invita a reflexionar y a comprometernos todos a trabajar por mejor pais.Todos tenemos que poner de nuestra parte para enderezar el camino de nuestro pais.Mil gracias Maria Alejandra.
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